En el tablero de la manufactura mexicana, la narrativa actual parece estar observando únicamente los beneficios del nearshoring y la captación de inversión extranjera; sin embargo, poco se discute sobre el enemigo silencioso que erosiona la competitividad desde adentro: la ineficiencia térmica. En una economía globalizada donde los precios de las materias primas están sujetos a tensiones geopolíticas fuera de nuestro control, la gestión del costo energético podría dejar de ser una variable técnica para convertirse en una decisión de ética económica.
Para la industria de alimentos y bebidas, que representa cerca del 25% del PIB manufacturero de México y el 3.9% del PIB nacional, los márgenes de utilidad son tradicionalmente estrechos. En este sector, cualquier fluctuación en los insumos básicos suele ser trasladada casi de inmediato al consumidor final. Es aquí donde el Gas Natural Comprimido (GNC) podría entrar en juego no solo como un energético para la producción, sino como una variable de bienestar social. Históricamente, gran parte de la industria en México ha operado bajo una dependencia estructural de combustibles cuya volatilidad de precios internacionales castiga los resultados. La transición hacia el GNC ofrece una alternativa que permitiría reducciones de hasta el 45% en los costos operativos térmicos. Particularmente en procesos térmicos intensivos como calderas, hornos industriales y sistemas de secado, donde el consumo energético representa una proporción crítica de los costos operativos en la industria alimentaria. Esta cifra, sin embargo, no debería leerse sólo como un indicador de rentabilidad empresarial o institucional, sino como el punto de partida de un círculo virtuoso de estabilidad. Si una planta manufacturera logrará reducir su gasto energético a casi la mitad, estaría alterando profundamente su estructura de costos fijos. En un entorno inflacionario, donde el precio del trigo, el maíz o los envases fluctúa de manera violenta, ese margen estructural generado por el GNC podría convertirse en un capital de resistencia estratégico. El beneficio es directo: al reducir hasta en 45% el gasto energético térmico, que hoy suele "quemarse" por usar otros combustibles y tener ineficiencias en procesos térmicos, lograríamos adquirir un margen de maniobra inédito para la alta dirección de industrias. Ese flujo de caja recuperado podría actuar como un blindaje financiero que permitiría a las procesadoras de alimentos absorber el alza de sus materias primas sin verse obligadas a castigar el bolsillo del consumidor mexicano. Bajo esta lógica, la infraestructura energética dejaría de ser una instalación de ingeniería para convertirse en un mecanismo de moderación inflacionaria de gastos en operaciones.
En un país donde el alza en productos alimentarios impacta desproporcionadamente a los sectores más vulnerables, el GNC se revelaría como una herramienta de equilibrio social. Si la industria lograra estabilizar su base energética, el impacto de las crisis geopolíticas podría detenerse en la puerta de la fábrica y no llegar al anaquel del supermercado. Es aquí donde la eficiencia operativa tendría la capacidad de transformarse en soberanía económica para las familias: el ahorro en la caldera de una planta podría ser, en última instancia, lo que permitiría mantener la estabilidad de la canasta básica. La pregunta para los directivos ya no debería ser cuánto podrían ahorrar en su próximo cierre trimestral, sino cuánto margen de maniobra podrían generar para proteger a la sociedad de los choques externos. La verdadera responsabilidad social de una industria no radica en acciones aisladas, sino en la solidez y eficiencia de sus cimientos productivos. Al final, el liderazgo empresarial tiene hoy la oportunidad de demostrar que una industria eficiente es la mayor aliada del país. Al apostar por la soberanía energética, no solo estaríamos fortaleciendo la rentabilidad de nuestras empresas, sino construyendo el cimiento de una paz económica duradera y compartida para todo México. ____ Nota del editor: José Silva Orozco es especialista en desarrollo de negocios en el sector energético e industrial, con más de 15 años de experiencia impulsando soluciones de suministro energético para empresas de alto consumo en México. Escríbele a [email protected]. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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