Cuando analizamos a personajes como Fidel Castro de Cuba, o Rafael Leónidas Trujillo de República Dominicana o Alberto Fujimori del Perú, nos encontramos con el común denominador de estar frente a dictadores autoritarios que se sirvieron del poder, para dominar a un pueblo que al principio confió en ellos y terminaron sucumbiendo ante el autoritarismo y la opresión de sus gobiernos.
Latinoamérica ha tenido muchos ejemplos de ellos, como el caso de Fulgencio Batista y Fidel Castro en Cuba, Francois Duvalier en Haití, Anastasio Somoza y Daniel Ortega en Nicaragua, Alfredo Stroessner en Paraguay, Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla en Argentina, Manuel Noriega en Panamá, Efraín Ríos Montt en Guatemala, Fujimori en Perú y Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela
México también tuvo gobiernos autoritarios, como el de Porfirio Díaz, que a pesar del crecimiento económico generado, su gobierno cooptó derechos individuales y libertades. También tuvimos un Victoriano Huerta que se hizo del poder a través de un golpe militar y el asesinato del presidente y vicepresidente de México.
Sobre estos modelos, los autores Steven Levitsky de Harvard y Lucan Way, en su libro “Autoritarismo Competitivo o Resiliente”, abordan este tema y las consecuencias que genera en sus comunidades.
El autoritarismo resiliente podemos entenderla como aquella capacidad de un régimen autoritario para mantener su control y resistir la influencia de factores externos y la oposición interna, evitando transitar a un régimen democrático.
Estos autores analizaron a fondo los casos de Fujimori en Perú y en la historia política del sandinismo en Nicaragua hasta el reciente gobierno de Daniel Ortega, así como el caso de Vladimir Putin, que también es otro vivo ejemplo de un sistema autoritario a ultranza.
Según estos autores, México ha transitado por un régimen autoritario al vivir, lo que Vargas Llosa definió como la “Dictadura Perfecta” del PRI del siglo pasado y pretendió llegar a un régimen eminentemente democrático con el arribo de Acción Nacional, sin embargo sus líderes estuvieron muy lejos de consolidar esos cambios originados desde 1986 en Chihuahua y posteriormente en Baja California y Guanajuato, para arribar al nuevo milenio con 12 años de gobiernos panistas que en nada cambiaron los viejos esquemas, cuestión que produjo un regreso al régimen priista con mayores vicios y corruptelas, lo que abonó al arribo de la izquierda en 2018.
Frente a tantos cambios, según Steven Levitsky, En la actualidad México se encuentra ante el “ciudadano vacío”, indiferente ante la democracia, e incluso con preferencias por un gobierno autoritario que le prometa ciertas seguridades vitales, aunque carezca de libertad. Esto en contraposición al “ciudadano pleno”, autónomo y deliberante frente a los problemas de su comunidad.
Para encontrar la democracia, dice Levitsky, un verdadero cambio de régimen debe de empezar por obligar, desde la ley de partidos políticos, a la celebración obligatoria de elecciones primarias y asegurarse una contienda interna justa. Obligar a los institutos políticos a implementar procesos democráticos en su seno, es parte inherente a la educación democrática de todo ciudadano, pues no se puede construir una democracia sin demócratas y el camino empieza en los partidos, pues de otra forma, el autoritarismo resiliente, continuará ganando terreno, como lo estamos viviendo, ahora, en el país. *- El autor es asesor empresarial en cabildeo.