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Quadratin 01 Apr, 2026 14:25

Asia quiere ganar peso en el negocio de oro y puede cambiar el mercado

El mercado del oro está ante un giro silencioso, pero no discreto. Asia no quiere limitarse a ser la gran zona de consumo del metal: también quiere influir más en la negociación, en las infraestructuras, en la formación de precios y en la lectura global del mercado. Hay que tener en cuenta que el poder no se mire solo por quién compra oro, también hay que tener en cuenta quién ayuda a marcar sus reglas.

Por qué Asia quiere tener más influencia en el mercado internacional del oro

Detrás de la búsqueda del continente asiático por tener más influencia en el mercado del oro, hay muchas razones. La más evidente es la demanda. Asia tiene una demanda demasiado grande como para tener un rol secundario en la estructura del mercado. China mantiene un peso enorme en inversión y consumo, India es la referencia clave para la demanda física y en el sudeste continental se combinan consumo, producción, refinado y distribución. La ASEAN superó las 180 toneladas de demanda anual mientras que Singapur ya es el gran centro regional de trading y refinado de este metal. A eso hay que sumar que, según la encuesta global de bancos centrales del año pasado, el 95% de los encuestados cree que las reservas de oro aumentarán en los próximos 12 meses y el 73% prevé una menor cuota del dólar en las reservas mundiales en los cinco años siguientes.

Ahí aparece la segunda motivación: reducir la dependencia de los centros tradicionales de referencia. Londres sigue siendo el gran núcleo del OTC y el mercado estadounidense tiene un papel central en derivados y descubrimiento de precios, pero Asia quiere dejar de reaccionar siempre a señales externas. La conversación sobre oro en 2026 ya no gira únicamente en torno a si el metal seguirá fuerte por la geopolítica u otros motivos; también cobra relevancia en torno a qué región se canalizará mejor la demanda de refugio y reserva de valor. El World Gold Council prevé para 2026 una continuidad de la demanda elevada de bancos centrales, entradas sólidas en ETF y compras robustas de lingotes y monedas, un contexto que da más argumentos a los centros asiáticos para ampliar su influencia.

La tercera razón es que Asia sabe que el poder en el oro se gana construyendo mercado. El Shanghai Gold Exchange ya es uno de los tres grandes centros globales junto a Londres y EU, y en 2016 lanzó el Shanghai Gold Price para reforzar el papel de China como formador de precios e internacionalizar el renminbi. Además, el SGE mantiene un tablero internacional y publica a diario su benchmark de Shanghái, mientras que otros hubs asiáticos, como Singapur, Hong Kong, India o Dubái siguen ampliando su función como nodos regionales.

Qué piezas del mercado puede llegar a controlar Asia en los próximos años

Donde más puede crecer Asia es en la negociación de contratos y productos vinculados al oro. Hoy, los tres grandes polos de trading son Londres, el mercado de futuros de EU y Shanghái, y entre los tres concentran más del 90% del volumen global negociado. Si el SGE y el SHFE ganan profundidad, Asia tendrá más actividad y más capacidad de absorber flujos y convertir su sesión en una referencia para el resto del día. Que el SGE tenga un benchmark propio, reglas específicas para esa negociación y una base internacional de miembros muestra que el objetivo va más allá del mercado doméstico chino.

Otra pieza que el continente asiático quiere controlar es la infraestructura física. El oro sigue siendo un activo financiero, pero también es un mercado material, con barras, entregas, custodia y cadenas de suministro. El sudeste asiático ya está en esa liga: Indonesia y Filipinas tienen operaciones mineras relevantes, mientras Singapur es el centro de trading y refinado. A la vez, los futuros del SHFE están conectados a una lógica de entrega física y admiten lingotes producidos por refinadores acreditados por la LBMA y reconocidos por la bolsa de Shanghái, lo que refuerza el vínculo entre derivados, metal real y estándares de mercado.

Otro punto a tener en cuenta son las instituciones. El avance asiático no depende de joyeros, familias o minoristas. En China, los cambios regulatorios de 2025 permitieron la entrada de aseguradoras en el mercado del oro. Además, los ETF chinos de oro captaron 133 toneladas en 2025, con máximos históricos de patrimonio y tenencias, mientras el banco central chino comunicó compras todos los meses del año.

Cómo este cambio puede afectar al precio del oro y al comportamiento de los inversores

El primer efecto que puede verse en el comportamiento de los inversores de oro está en los horarios y focos de actividad. Según el World Gold Council, una parte creciente del volumen de COMEX ya se ejecuta en horas de mercado asiáticas, mientras que el mercado chino ha disparado su propia actividad. Nueva York y Londres no van a perder su centralidad de un día para otro, pero está claro que la sesión asiática cada vez tiene más peso a la hora de condicionar el tono posterior del precio.

También debería aumentar la sensibilidad del mercado internacional a las decisiones monetarias y financieras que se tomen en Asia. Si el Banco Popular de China compra oro mes tras mes, los ETF chinos encadenan entradas récord o las reformas regulatorias amplían el acceso institucional al metal, el mensaje es claro: hay una base de demanda más estructural y menos táctica. En 2025, China elevó sus reservas a 2.306 toneladas, lo que ayudó a reforzar la narrativa del oro como cobertura ante riesgos sistémicos y de política económica.

Para los traders e inversores, la consecuencia es que mirar el dólar, la Fed y el rendimiento del bono estadounidense ya no es suficiente. Ajustar las estrategias de trading de oro 2026 implica seguir también los flujos de ETF en Asia, los volúmenes del SHFE, las señales del SGE, las variaciones entre el precio local y el internacional en China e India y, por supuesto, la pauta compradora de los bancos centrales de la región.

También cambia la percepción del oro frente a otros refugios. El World Gold Council sostiene que en 2026 la geopolítica seguirá siendo una pieza central para la inversión en el metal y que su atractivo como cobertura frente a la renta fija puede seguir atrayendo demanda material. Si Asia gana más voz en ese proceso, el oro puede reforzarse aún más como activo verdaderamente global, no solo como reflejo de la aversión al riesgo en Occidente.

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