
Malabarismos macabros. En los templos católicos –y en las calles, caminos y veredas de muchos pueblos– empiezan las conmemoraciones del tormento y muerte de Jesucristo. Numerosos participantes de estos rituales llevan clavada una espina en el corazón por sus propios muertos o desaparecidos o “todavía sin identificar”, la nueva columna de víctimas de los cárteles inventada por el régimen para adelgazar la de muertos en sus macabros malabarismos estadísticos que elabora para el autoengaño.
¿A quién engañan? Porque es imposible engañar a un pueblo –o a una sociedad– que vive en la inseguridad y el temor en grandes territorios bajo control de las bandas criminales. O a merced de la guerra entre ellas bajo la ley de la selva –del más fuerte–, una vez destruidas por el propio régimen las instituciones del Estado de derecho. Y menos factible sería engañar a Donald Trump y a sus halcones con esos reacomodos de cifras, si con ellos se busca quitarse de encima su amenazante supervisión a México desde la premisa de que el país está gobernado por los cárteles.