Ginebra.- Las guerras o conflictos armados en el mundo son una característica distintiva de nuestra época. Hoy existen más de 130 conflictos armados activos: el doble de los registrados hace 15 años y casi cuatro veces más que hace tres décadas.
Esta cifra, documentada por el Comité Internacional de la Cruz Roja(CICR), sitúa al planeta en uno de los momentos de mayor conflictividad desde la Segunda Guerra Mundial. El organismo, que opera en más de 100 de esos conflictos, advierte que las guerras se propagan, se vuelven más prolongadas y complejas, y que son los civiles quienes pagan el precio más alto.
Aproximadamente y según datos del comité, más de 204 millones de personas viven en zonas bajo control —pleno o en disputa— de grupos armados, fuera del alcance de las instituciones estatales y los servicios básicos.
Un mapa alcanza para entender la dimensión de dicha problemática.
América
América tiene sus propios conflictos, aunque no siempre sean nombrados como tales.
México es uno de los casos más documentados y que los organismos internacionales ubican entre los más violentos del planeta.
Entre julio de 2024 y junio de 2025, México registró 8,266 muertes violentas y 7,244 eventos violentos, cifras récord desde 2018, situando al país por encima de naciones en conflicto armado permanente como Irak, Sudán o Nigeria, de acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Por su parte, el ACLED Conflict Index ubicó a México como el cuarto país más peligroso del mundo en 2025.
México no es el único caso, Ecuador se sitúa entre los países más violentos del continente.
El Ministerio del Interior informó que 2025 cerró con 9,216 homicidios intencionales, la cifra más alta en la historia del país.
ACLED estima que el 71% de la población ecuatoriana estuvo expuesta a violencia relacionada con el crimen organizado en 2025, el porcentaje más alto registrado en América Latina y el Caribe entre los países monitoreados por la organización.
Otro caso preocupante es el de Haití; Estado catalogado por diversas organizaciones y especialistas como fallido; es decir, una nación cuyo gobierno ha perdido el control efectivo de su territorio.
Las pandillas han extendido su dominio más allá de la capital, tomando el control de rutas marítimas y terrestres clave, con aproximadamente 5,519 muertos y 2,608 heridos entre marzo de 2025 y enero de 2026, según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU.
Europa
El continente europeo es uno de los menos afectados, pero a su vez vive su mayor crisis bélica desde 1945.
La invasión rusa a gran escala iniciada en febrero de 2022 entró en 2026 en su quinto año sin señales de resolución definitiva.
Desde el inicio del conflicto Rusia ha sufrido 1.2 millones de bajas, mientras Ucrania acumuló entre 500,000 y 600,000.
Las pérdidas de Moscú en este conflicto son cinco veces mayores que las de todas sus guerras desde la Segunda Guerra Mundial juntas, incluyendo Afganistán y las dos guerras de Chechenia, de acuerdo al Center for Strategic and International Studies (CSIS).
Ninguna gran potencia ha sufrido ni de lejos un número tan elevado de bajas en ninguna guerra desde 1945″, señala el CSIS.
Soldados ucranianos caminan por la orilla del río Dniéper después de salir de una lancha en la línea del frente cerca de Jersón, Ucrania, el domingo 15 de octubre de 2023. (Foto AP/Mstyslav Chernov, Archivo).
Pero lo que distingue el momento actual no es solo lo que ocurre en Ucrania, sino lo que esa guerra ha desencadenado en el resto del continente.
Los servicios de inteligencia europeos, entre ellos el Servicio de Inteligencia de Defensa danés (Forsvarets Efterretningstjeneste, FE), advierten sobre una posible injerencia rusa en Europa en los próximos años.
De acuerdo con sus estimaciones, Moscú necesitaría tan solo seis meses para lanzar un nuevo ataque contra un país europeo fronterizo tras un eventual cese de las hostilidades en Ucrania, y cinco años para emprender una guerra a gran escala en el continente en caso de que Washington no prestara su apoyo.
Asimismo, existe un consenso generalizado entre los países bálticos sobre un posible ataque contra ellos podría ocurrir tan pronto como dentro de tres años.
Es por ello que la respuesta europea ha sido un rearme acelerado que no tiene precedente desde la Guerra Fría.
23 países miembros de la OTAN alcanzaron el objetivo de gasto del 2% del PIB en defensa, frente a apenas 10 el año anterior.
Sin embargo, ante la magnitud de la amenaza, ese umbral se considera ahora en gran medida insuficiente.
Los países bálticos, Finlandia y Polonia planean reforzar sus zonas fronterizas con Rusia y Bielorrusia mediante el despliegue de millones de minas antipersonales;retirándose de su adhesión al Convenio de Ottawa de 1997 que las prohibía.
Europa vive hoy un régimen de preparación permanente. No combate, pero planifica, produce y gasta como si la posibilidad de una guerra de alta intensidad ya no fuera excepcional, sino un escenario estructural de referencia.
Especialistas sugieren que el rearme no responde a un conflicto en curso en suelo europeo, sino a la aceptación implícita de que ese conflicto es un horizonte posible que debe anticiparse.
Asia
Saw Win Myint, comandante de la Unión Nacional Karen, inspecciona un cuartel capturado en Mayawaddy, (Foto AP/Metro, Archivo).
Asia concentra algunos de los conflictos más prolongados. Afganistán permanece inestable bajo el gobierno talibán: el ISIS-Khorasan ejecuta atentados mortales, especialmente contra minorías y funcionarios, mientras la frontera con Pakistán mantiene tensiones persistentes.
En India, la insurgencia maoísta naxalita —activa desde los años sesenta— sigue siendo uno de los conflictos de baja intensidad más prolongados del mundo.
Sin embargo, Myanmar es otro de los conflictos que el mundo mira poco y padece mucho. Lo que empezó como un golpe de Estado el 1 de febrero de 2021 se transformó en una guerra civil de baja visibilidad y alta brutalidad.
Los combates y los bombardeos del ejército gubernamental han causado la muerte de al menos 90,000 personas desde el golpe, muchas de ellas civiles, según grupos locales independientes de monitoreo.
Por otra parte, existen tensiones persistentes y disputas entre diversos países del continente.
Tales como las disputas en el Mar del Sur de China entre Beijing, Taipei y varios países de la región; así como las tensiones entre Corea del Norte, Japón y Corea del Sur.
Medio Oriente: Caso aparte
Es una de las regiones más castigada del mapa, y 2026 no ha hecho sino confirmarlo.
El conflicto entre Israel y Gaza continúa activo: los altos al fuego se suceden, pero se rompen con la misma rapidez con que se anuncian.
Yemen sigue sumida en el caos: los Hutíes controlan la mayor parte del norte, mientras Al-Qaeda y el ISIS operan en otros territorios y los sistemas de salud y alimentación permanecen destruidos. Millones de personas padecen escasez severa o hambruna.
A todo ello se suma el estallido del conflicto con Irán.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron bombardeos coordinados contra Teherán y al menos otras doce ciudades del país, desencadenando lo que ya se considera la mayor guerra abierta en Oriente Medio en décadas.
Lo que se presentó como una operación de precisión se ha extendido a más de diez naciones de la región, transformando por completo el tablero geopolítico de Oriente Medio.
África
Cruzando al continente africano, la guerra civil en Sudán —desatada en abril de 2023 entre el ejército nacional y las Fuerzas de Apoyo Rápido— continúa en 2026 sin señales de resolución.
En enero de 2026 el conflicto alcanzó los mil días de guerra, con más de 21 millones de personas enfrentando hambre aguda, más de 9.3 millones desplazadas dentro del país y otros 4.3 millones que han huido a naciones vecinas.
Por otra parte, en la República Democrática del Congo, el este del país vive desde finales de 2024 una reanudación de las ofensivas del grupo rebelde M23, intensificando una violencia que lleva décadas azotando la región.
Desde principios de 2025, aproximadamente 7,000 personas han muerto a causa de los avances del M23, y otras 45,000 se han quedado sin hogar tras la destrucción de 90 campamentos.
Solo en julio de 2025, se registraron al menos 319 civiles asesinados por el M23 en Kivu Norte, en una de las series de ataques más letales desde el resurgimiento del grupo.
En total, según estimaciones de la ONU, 27 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en la RDC.
Por último, el extremismo violento en el Sahel —Burkina Faso, Chad, Malí, Níger y Nigeria— completa el cuadro de una región en deterioro constante.
Las advertencias del CICR
En esta foto del 23 de agosto de 2018, el jefe de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), Pierre Kraehenbuehl, habla durante una entrevista con The Associated Press en Jerusalén (Foto AP/Mahmoud Illean).
En su informe titulado: “Panorama humanitario de 2026”, el organismo reportó que aproximadamente 284,000 personas están registradas como desaparecidas por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cifra que se ha incrementado en un 70% en solo un año.
Por otra parte, la brecha entre gasto bélico y respuesta humanitaria es, quizás, la cifra más elocuente de todas: el gasto mundial en defensa alcanzó los 2.7 billones de dólares en 2024, mientras que el sistema humanitario en su totalidad hizo un llamamiento por apenas 50,000 millones de dólares, monto que no se logró recaudar.
Es, en suma, el síntoma de un mundo que gasta en destruir más de lo que invierte en proteger, declaró Pierre Krähenbühl, director general del CICR.
El organismo identificó cuatro tendencias que agravan la situación:
- la deshumanización de las víctimas amplificada por discursos políticos y redes sociales
- los crecientes ataques contra la acción humanitaria neutral
- la lógica de victoria a cualquier costo que debilita las protecciones a civiles
- la brecha entre necesidades en aumento y recursos que disminuyen
Mirjana Spoljaric, presidenta del CICR desde octubre de 2022, subrayó que la acción humanitaria, por sí sola, no puede compensar las consecuencias de la falta de soluciones negociadas, y que sólo una voluntad política orientada hacia la paz podría frenar la continuidad de las muertes y de la destrucción.
Si lo que vemos en Gaza, el este del Congo, Sudán y Ucrania es el futuro de la guerra, deberíamos estar muy preocupados, ya que sacudiría los cimientos de nuestra humanidad”, advirtió Pierre Krähenbühl.
JB