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Radar Inteligente
Expansion 03 Apr, 2026 06:05

Cacahuates, unicornios y la coherencia empresarial

¿Quieres un equipo que obedezca instrucciones y espere cada indicación? ¿O buscas personas autónomas, capaces de decidir, ejecutar y responder con resultados? La respuesta define el tipo de empresa que estás construyendo. El problema surge cuando muchos líderes exigen criterio, estrategia y compromiso, pero estructuran sueldos y procesos para perfiles meramente operativos.

Define tu cultura Contrasta al candidato con los valores de la organización

En el discurso de reclutamiento abundan frases como “aquí damos experiencia”. Suenan atractivas, incluso generosas; sin embargo, cuando llega el momento de contratar, la expectativa incluye planeación estratégica, ejecución impecable y disponibilidad total… por 9,500 pesos mensuales. Esa contradicción alimenta la narrativa de que “no hay talento”. Talento existe. Lo que escasea es la coherencia entre lo que se pide y lo que se ofrece. En mi opinión, antes de evaluar un candidato o candidata, es necesario responder una pregunta que para algunos puede ser incómoda: ¿qué comportamientos son no negociables en mi organización? Cultura no es una palabra que sirve de adorno; es cómo se toman decisiones, cómo se enfrentan los errores, cómo se discuten desacuerdos y qué conductas reciben reconocimiento. Las empresas más exitosas a nivel global lo entendieron desde un inicio. Zappos, por ejemplo, construyó su modelo sobre una cultura explícita de servicio y trabajo en equipo. Ese enfoque sostuvo su crecimiento hasta su venta a Amazon por más de 1,000 millones de dólares. Primero definieron quiénes eran; después contrataron en consecuencia. Cuando la cultura es confusa, la empresa contrata por intuición. La intuición lleva a seleccionar por simpatía, necesidad inmediata o sesgos personales. Después llegan las fracturas internas, las salidas prematuras y la sensación de que el equipo “no da el ancho”. Una vez que los valores están claros, el siguiente paso es evaluar si la persona encaja con esa cultura. Este momento ocurre antes de revisar las hard skills. Si tu organización exige autonomía, necesitas personas que tengan criterio propio; si valoras colaboración, debes buscar evidencia concreta de trabajo en equipo.

Prueba sus capacidades La compensación también comunica

Es en este punto donde muchos empresarios fallan porque formulan preguntas genéricas y aceptan respuestas automatizadas. Todos los candidatos, o al menos la mayoría, dominan el lenguaje corporativo. Pueden pintarse como proactivos, responsables y orientados a resultados. Pocos son capaces de demostrar coherencia entre su trayectoria y los valores que tu empresa prioriza. Desde mi perspectiva, los valores internos actúan como un filtro estratégico. Reducen la rotación, aceleran la integración y protegen el clima organizacional. Ignorarlos implica contratar talento que luce brillante en el currículum pero genera fricción en la operación diaria. Después de la prueba cultural, llega la validación técnica. Este paso requiere de un método. General Electric, por poner otro ejemplo, diseñó procesos rigurosos de evaluación para detectar desempeño y potencial de liderazgo. Una conversación no reemplaza una prueba. Como si le estuvieras escribiendo un prompt a una plataforma conversacional de IA, si necesitas a alguien en marketing, solicita una propuesta concreta con objetivos y métricas. Si buscas un redactor, pide un texto bajo lineamientos específicos. Las pruebas revelan estructura mental, capacidad de síntesis y calidad de ejecución. También muestran cómo la persona responde ante presión y claridad de instrucciones. Sin esta validación, la decisión descansa en simple percepción. Ahora viene la parte incómoda. Si esperas que un candidato escriba, diseñe, publique, gestione campañas y aporte visión a largo plazo, debes pagar por ese nivel de habilidad, conocimiento y experiencia. El mercado laboral opera bajo una lógica básica: las personas ofrecen el valor que corresponde a la compensación que reciben.

Existe una frase conocida en inglés: if you pay peanuts, you get monkeys . En español: si pagas cacahuates, recibes changos. El punto, lejos de ofender a alguien, es entender que la compensación comunica expectativas. No puedes demandar mentalidad estratégica con salario operativo; no puedes pedir autonomía cuando el presupuesto transmite desconfianza. Algunas empresas argumentan que ofrecen experiencia y contactos. Esa propuesta puede funcionar con perfiles que buscan aprendizaje; no obstante, una compañía que aspira a crecer necesita personas que asuman roles de liderazgo y entreguen resultados. Para eso, primero deben sentirse valoradas. La congruencia empresarial exige cuatro pasos claros: 1. Define tu cultura 2. Contrasta al candidato con tus valores 3. Valida sus capacidades 4. Alinea la compensación con el nivel de compromiso esperado. El talento no es un unicornio escondido. Es una combinación de cultura, skills y mercado. Y hay una verdad simple que te conviene recordar antes de publicar la siguiente vacante: no puedes contratar un unicornio si únicamente estás dispuesto a pagar con cacahuates. ____ Nota del editor: Jorge Sánchez García es Socio Director de Apolo 25. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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