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Expansion 03 Apr, 2026 06:04

México crea empresas... pero no logra sostenerlas

Se ha instalado la idea de que el principal problema de las pymes en México es la falta de financiamiento. Pero la evidencia muestra algo más profundo: muchas empresas no desaparecen por falta de recursos, sino porque antes pierden su capacidad de sostenerse como empresas. Entonces, es evidente que el problema no es el financiamiento, sino que muchas empresas ya no pueden sostenerse.

Sin embargo, cuando se observa cómo se deterioran las empresas en la práctica, la historia casi siempre empieza antes. Las empresas no desaparecen porque un día se quedaron sin recursos externos. Desaparecen porque previamente empezaron a perder su capacidad de sostenerse como organizaciones productivas. Durante mucho tiempo hemos intentado resolver un síntoma visible sin atender la causa estructural. El deterioro empresarial rara vez ocurre de forma repentina. Primero cae la rentabilidad, después se debilita el flujo operativo y más adelante la empresa pierde capacidad de adaptarse a cambios en su entorno. Solo al final aparecen las restricciones financieras visibles. En ese momento el financiamiento suele interpretarse como la solución inmediata, cuando en realidad es la última señal de que el deterioro ya llevaba tiempo acumulándose dentro de la operación. En el modelo econométrico que desarrollé sobre insolvencia empresarial, la rentabilidad y el flujo operativo mostraron mayor capacidad para anticipar el deterioro de una empresa que cualquier variable asociada al acceso al financiamiento. La liquidez, el endeudamiento, el tamaño de la empresa, su crecimiento y el entorno económico confirmaron ese mismo patrón: el financiamiento aparece después del deterioro, no como su causa. Y es que, durante años confundimos la falta de financiamiento con la pérdida de capacidad para sostener a las empresas. Una empresa no sobrevive porque consigue recursos externos, sino porque genera utilidades, mantiene orden operativo y conserva margen para adaptarse cuando cambian las condiciones del mercado. El financiamiento puede acelerar el crecimiento, si, pero no puede sustituir la productividad ni corregir debilidades estructurales acumuladas. Entre 2019 y 2023 nacieron alrededor de 1.7 millones de establecimientos en México y desaparecieron cerca de 1.4 millones. Es decir, casi nacen tantas empresas como las que mueren en el mismo periodo. Esto no es un comportamiento normal para una economía que busca consolidar su tejido productivo. Es una señal clara de fragilidad estructural que revela que el problema no está en la creación de empresas, sino en su capacidad para mantenerse operando. Estoy seguro que México no tiene un problema para crear empresas; tiene un problema para sostenerlas.

Las empresas entran en crisis cuando se deterioran simultáneamente la rentabilidad, el flujo operativo, la liquidez, el nivel de endeudamiento, su tamaño relativo frente al mercado y su capacidad de adaptación al entorno económico. Cuando estas variables se debilitan al mismo tiempo, la empresa pierde margen de maniobra. Cuando una empresa necesita financiamiento para seguir operando, el deterioro ya comenzó antes. El financiamiento puede aliviar la liquidez, pero no recupera la capacidad de sostener el negocio. Por eso el debate público suele concentrarse en el acceso a recursos cuando el problema real empezó dentro de la empresa. El deterioro empieza cuando vender más deja de significar ganar más; cuando los costos crecen sin control y cuando el flujo deja de alcanzar para sostener la operación cotidiana. Ahí comienza la pérdida de capacidad de sostenerse. Los modelos econométricos permiten identificar cuándo una empresa entra en esa trayectoria, pero no explican por qué algunas corrigen a tiempo y otras no. En este punto aparece una variable que casi nunca se mide, pero que con frecuencia determina el resultado: el carácter de quien dirige la empresa. A eso lo llamo el Quinto Elemento. Porque detrás de una caída en la rentabilidad casi siempre hay decisiones que no se corrigieron a tiempo; detrás de un flujo debilitado suele haber disciplina operativa insuficiente, y detrás de una empresa que deja de adaptarse suele haber una dirección que dejó de ajustar el rumbo. Por eso creo que, insistir únicamente en ampliar el financiamiento sin fortalecer la rentabilidad, el flujo operativo y la capacidad de adaptación puede terminar prolongando la fragilidad de las empresas en lugar de corregirla. Cuando el financiamiento se diseña sin considerar la capacidad real de sostenerse de los negocios, puede convertirse en un mecanismo que retrasa su quiebra en lugar de evitarla.

Desde mi perspectiva, el verdadero desafío de las pymes en México no es conseguir financiamiento, es conservar su capacidad de sostenerse en el tiempo. Mientras sigamos pensando que el problema es únicamente el acceso a recursos, seguiremos financiando empresas que ya venían perdiendo su capacidad de sostenerse mucho antes de llegar al banco. ____ Nota del editor: Ángel Virgilio Estrada Berlanga es un empresario, investigador y doctor en contabilidad por la UANL. Su trabajo académico analiza los factores financieros, no financieros, sectoriales y macroeconómicos asociados a la insolvencia empresarial en México. Desde su experiencia empresarial ha propuesto el Quinto Elemento: el carácter del líder como variable decisiva en la supervivencia de las empresas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponde exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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