Entre las múltiples tendencias de nuestro tiempo, una de las más visibles -aunque a veces silenciosa- es el cambio en la religiosidad. No solo ha cambiado el papel que juega la religión en nuestras vidas, sino también la centralidad que durante siglos ha tenido la Iglesia Católica en nuestro entorno social. Un comentario frecuente en estas fechas lo ilustra bien: Ya no se “guarda” la Semana Santa como antes. Hoy Viernes Santo, basta contrastar la cantidad de personas que acuden a las playas con aquellas que asisten a los templos para conmemorar la Pasión de Cristo. La gran cantidad de vacacionistas es un indicador claro de la manera cómo se profesa actualmente la religión en una parte de la población.
A esto se suma la diversificación religiosa. En cualquier crucero de la ciudad aparecen los testigos de Jehová con sus puestos de publicaciones, siempre bien vestidos y prestos para hacer proselitismo. En una estación de radio nacional, dedicada a las noticias, se anuncia reiteradamente una conferencia que impartirá la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, algo inusitado en los medios de México. Y, por supuesto, es cada vez más frecuente que entre nuestros empleos y círculos sociales no falten los profesantes de religiones distintas de la católica.
LA CAÍDA DEL PORCENTAJE DE CATÓLICOS
Los datos más recientes del Pew Research Center (www.pewresearch.org) confirman la percepción de que está disminuyendo el número de católicos. En países como México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú, el porcentaje de población que se identifica como católica ha disminuido de manera sostenida en la última década. En 2014, estos países tenían claras mayorías católicas.
En 2024, aunque el catolicismo sigue siendo la religión predominante, su peso es menor: Alrededor de 67% en México y Perú, 60% en Colombia, sil y Chile. En todos los casos, la caída ha sido de al menos nueve puntos porcentuales en una década. Se trata de un cambio profundo si consideramos que, históricamente, América Latina fue casi sinónimo de catolicismo. La tendencia no es nueva -viene desde finales del siglo XX-, pero se ha acelerado en los últimos años.
Seguramente hay muchas situaciones que explican esta tendencia. Me atrevo a especular que entre las causales de este descenso del catolicismo están los cambios sociales y culturales relacionados con la agenda de género: El divorcio, el rol de la mujer, el aborto, la recomposición de las familias, los movimientos LGBT y todas aquellas conductas tradicionalmente reprobadas por la Iglesia Católica que ahora son legales y socialmente aceptables.
AVANZA EL SECULARISMO
¿A dónde se van esos católicos que dejande serlo? En buena medida, hacia dos destinos. Por un lado, hacia otras denominaciones cristianas, principalmente protestantes, que han crecido o se han mantenido relativamente estables. Pero por otro, y de manera cada vez más significativa, hacia la no afiliación religiosa.
El estudio muestra que entre 12% y 33% de los adultos en estos países latinoamericanos ya se declaran sin religión: Ateos, agnósticos o simplemente “no creyente”. En países como México, esta proporción ronda el 20%, y en muchas regiones supera a la protestante.
Sin embargo, esto no significa necesariamente una desaparición de la religiosidad. La mayoría sigue creyendo en Dios o adoptan formas de espiritualidad libre tipo New Age. Más bien, lo que cambia es la relación con las instituciones religiosas: Menos pertenencia formal y sacramental, más formas individuales de religiosidad. Y sin embargo estas tendencias plantean preguntas importantes para México.
¿Qué significa una sociedad menos católica, pero no necesariamente menos creyente? ¿Qué papel jugarán las iglesias en un contexto de mayor pluralidad? Y sin embargo, la necesidad de sentido, de comunidad y de trascendencia no desaparece. Solo cambia de forma.
Tal vez, más que el fin de la religión, estamos presenciando su transformación. ¿Qué piensa usted? ¿Cuál es su experiencia personal y familiar?