El patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, presidió la liturgia del Viernes Santo en la Basílica del Santo Sepulcro, luego de que autoridades israelíes le restringieran el acceso días antes durante el Domingo de Ramos.
La ceremonia se realizó en el Calvario, dentro del templo ubicado en la Ciudad Vieja de Jerusalén, sitio que la tradición cristiana identifica como el lugar de la crucifixión de Jesús.
Un día antes, durante el Jueves Santo, el cardenal también encabezó la misa de la Cena del Señor, que incluyó el tradicional lavatorio de pies y una procesión en torno al Sepulcro.
Las celebraciones religiosas se llevaron a cabo con fuerte restricción de aforo debido al contexto de seguridad derivado del conflicto entre Israel e Irán, limitando la asistencia a un número reducido de religiosos.
La polémica surgió cuando, el Domingo de Ramos, la policía israelí impidió el ingreso de Pizzaballa al templo, incluso para una ceremonia privada sin público. La medida generó críticas internacionales, incluyendo declaraciones del embajador estadounidense Mike Huckabee, quien cuestionó la falta de criterios uniformes en las restricciones.
Horas después, el primer ministro Benjamin Netanyahu revirtió la decisión y ordenó permitir el acceso del patriarca, garantizando que pudiera celebrar los servicios religiosos durante la Semana Santa.
El episodio evidenció las tensiones en torno a la libertad de culto en Jerusalén, especialmente en un contexto marcado por la seguridad y el conflicto regional.