-Otros mil 800 kilos de coca para presumir
-Ah Chihuahua, va Cruz a las luchas AAA en la capital
-El costo invisible de la economía informal
-Los dos despidos de Trump en menos de un mes
Es posible que durante la conferencia de prensa mañanera del lunes la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, o alguno de sus funcionarios en materia de seguridad —tendría que ser el secretario de la Defensa— enaltezca el trabajo de su administración contra el tráfico de drogas.
Ayer no hubo conferencia por Viernes Santo. La noche del miércoles cayeron, en un punto de revisión militar en San Luis Río Colorado, Sonora, los tripulantes de un tráiler —no robado, que conste— en cuya caja iban escondidos mil 800 kilos de cocaína, casi dos toneladas.
Los militares procesaron durante la noche el cargamento; el jueves por la mañana debieron consignarlo a la Fiscalía General de la República (FGR) en ese estado vecino, así que el golpe podrá presumirlo mediáticamente el régimen de la Cuarta Transformación el próximo lunes.
Es un cargamento muy importante el decomisado, con un valor aproximado de mil millones de pesos, aparentemente propiedad del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que suma dos golpes fuertes en ese mismo lugar en dos meses; a mediados del mes pasado perdió otros 150 kilos de cristal que también eran transportados en un tráiler blanco. Conducía la droga a lo mismo: Baja California.
Quince días antes de ese decomiso, la Guardia Nacional aseguró otros dos vehículos pick up en los que eran transportados 517 kilos de cristal, pertenecientes a Los Salazar, un grupo identificado con “Los Mayos”.
Los tres golpes han sido propinados por el Ejército y la Guardia Nacional en Sonora y solo son equiparables a otros dos decomisos similares ocurridos en los mares de Colima y Guerrero en febrero y marzo de este mismo año, con cuatro y dos toneladas, respectivamente.
En conjunto, son operativos exitosos que hacen lucir a la administración de Sheinbaum frente a la presión incesante del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
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“Ah Chihuahua”, así dice el anuncio de la Lucha Libre AAA World Wide, que programó una función especial mañana, en Domingo de Resurrección, en plena Plaza de Armas de la capital del estado, entre la Catedral y la Presidencia Municipal. Nada menos que frente al despacho del alcalde Marco Bonilla.
Para ponerle más sabor a la pelea estelar de tercias —de “Pagano”, “Octagón Jr.” y “Chikano” contra Abismo “Negro Jr.”, “Belcegor” y “Boricua”— está anunciada la presencia del alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, como invitado especial.
Claro que el presidente municipal de la frontera no va a Chihuahua a pelear contra “Pimpinela”, “Darkness” o alguno de los otros anunciados en la cartelera (que mostramos completa en la versión digital de La Columna, para los que estén interesados en asistir a echarles porras a sus favoritos), sino a lucirse otra vez en el centro del poder político estatal, justo bajo la oficina de su principal opositor partidario por la gubernatura, Bonilla.
Aunque no venga a luchar máscara contra cabellera, dicen que Pérez Cuéllar sí podrá subirse al cuadrilátero con micrófono abierto para ponerle emociones más intensas al pancracio nacional.
Está previsto hasta un mensaje del juarense, tal vez antes del primer agarrón entre tercias o en el medio tiempo, entre una pelea y otra, pero desde arriba del encordado patrocinado por la empresa promotora del deporte-espectáculo que atrae gran cantidad de aficionados.
El show, totalmente gratuito para los paseantes del primer cuadro de la ciudad, está programado a las cuatro de la tarde, con garantía de emociones fuertes por la calidad de los luchadores, pero también por la pimienta que le agrega la presencia fronteriza morenista.
Y la aparición del juarense, seguramente, nada tiene que ver con sus aspiraciones a la gubernatura de 2027, por las cuales ni permiso pide para meterse a la plaza capitalina casi en el escritorio del alcalde panista.
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En Ciudad Juárez, como en el resto del país, la informalidad está creciendo más rápido que el empleo formal. Y eso no es buena señal.
Aquí no hay que adornarlo: quien opera en la informalidad usa la ciudad igual que todos —calles, alumbrado, seguridad pública—, pero no contribuye a sostenerla. Así de simple.
Es un desbalance claro. Mientras unos pagan impuestos, cuotas y cumplen reglas, otros trabajan por fuera y compiten con menos costos.
¿Resultado? Se castiga al que está en regla y se premia al que se sale del sistema. Aunque también hay que cuestionarse el papel de las políticas públicas para que suceda así.
Una economía informal significa menos ingresos para el gobierno, peor infraestructura, servicios más limitados y una ciudad que se desgasta más rápido de lo que se mantiene.
Si esto sigue así, el mensaje es peligroso: cumplir no conviene. La informalidad no es solo un escape económico; también es una fuga constante de recursos que termina pagando, como siempre, el mismo de siempre: el que paga impuestos y cumple.
Pero la culpa no la tiene el empleado de maquila o de cualquier otra empresa que es dejado sin empleo de la noche a la mañana, sino, repetimos, la administración gubernamental.
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Donald Trump es de los que piensan que la realidad se puede cambiar a base de dichos y discursos; y por eso ha despedido a la fiscal general, Pat Bondi, caracterizada por su dureza en los posicionamientos de la Casa Blanca, particularmente cuando se refería a los migrantes o a México respecto al crimen organizado.
Pero no pudo Trump, en cambio, sortear las críticas sobre el manejo de millones de archivos sobre el caso del delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Esos documentos involucran al propio presidente como uno de los asiduos visitantes a la isla privada Little St. James, en Virginia, donde se prostituía a menores de edad.
A esto se suma un agarrón del mandatario contra la fiscal de Nueva York, Letitia James, no solo demócrata sino mujer de color, que en 2024 interpuso una multa millonaria contra Trump por inflar su patrimonio, pero fue anulada en cortes.
A su vez, este le reviró en octubre de 2025 por un presunto fraude bancario, juicio que aún no concluye.
El de Pat Bondi es el segundo despido más mediático, después de que apenas el cinco de marzo echara a su secretaria de Seguridad, Kristi Noem, porque a los agentes del temible ICE se les pasó la mano no solamente contra migrantes sino contra ciudadanos norteamericanos. ¿O acaso porque sabía Donald el megaescándalo que venía contra el marido de Kristi?
Paradójicamente, van dos mujeres de primer nivel despedidas con cajas destempladas en menos de un mes, que eran como témpanos de hielo en los micrófonos ante los medios de comunicación, pero trastabillaban cuando comparecían ante los legisladores demócratas que, por lo visto, van por todo en las elecciones intermedias de noviembre.