PROS Y CONTRAS
El derrame de hidrocarburo registrado sobre el Golfo de México, que de forma documentada afecta ya una diversidad de actividades productivas de tres estados de la República, además de la flora y fauna marina es ya el mayor desastre ambiental de que se tenga registro en la actualidad.
Actividades pesqueras, turísticas, de servicios en los tres estados registran afectaciones serias justamente en la época del año en que mayores ganancias suelen generar.
Hoy no vemos a actores políticos de izquierda exigiendo transparencia gubernamental y sí por el contrario abundan los fallidos intentos por minimizar los hechos y como de costumbre, catalogar a quien lo denuncia como adversario político.
Se niegan una vez más asumir las responsabilidades que les vienen con su llegada al poder.
Vueltas que da la vida, cuando el régimen actual tiene años sacando provecho político de un accidente registrado en la mina de Cananea, que afectó ciertamente a una región muy específica de Sonora y que fue remediado.
De lo contrario no solo las actividades productivas del Río Sonora hubieran acabado sino que hoy toda esa ruta fuera de pueblos fantasmas, pero claramente esa no es la realidad de la zona.
Se anuncian apoyos de 15 mil pesos para las personas afectadas, cuando los daños pueden calcularse en miles de millones de pesos para las familias y los pequeños empresarios que se dedican a la pesca ribereña, servicios restauranteros, turísticos, etc.
Aquí no hay anuncios en la mañanera de miles de millones de pesos, que por cierto son dinero privado, para construir clínicas, además de los cientos de millones entregados ya desde hace 11 años a productores y pobladores del río.
Fueron unas cuantas gotas, dijo la señora gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle.
Tampoco se esperaba mucho de ella después de las inundaciones de hace unos meses y de sostener que aquella señora taxista secuestrada por grupos criminales había muerto de un infarto.
Bastarían quizá unas cuantas gotas, pero de congruencia y de compromiso para asumir que lo que hoy toca es aclarar los hechos, asumir costos políticos y brindar una respuesta a la altura del daño ocasionado así como de las exigencias de las personas afectadas.
Tres entidades afectadas no serán suficientes, aunque deberían, para desplegar una estrategia de remediación que involucre a todos los órdenes de gobierno con recursos suficientes para resarcir el daño causado. Y de una disculpa pública ni hablar.
Y de abrir procesos de investigación contra dependencias, paraestatales y funcionarios públicos mucho menos, ni mencionarlo. ¿Sanciones?, ¿qué es eso?
Es que ahí no hay rentabilidad política pues, sólo la odiosa necesidad de aclararlo, de remediarlo y peor aún: De transparentarlo.
Y es que si hay dinero para auxiliar a las dictaduras amigas, debe haberlo para resarcir las pérdidas de los sectores afectados.
Pero para eso habría que entender que también se vale dar recursos públicos sin esperar votos a cambio.
Pero quizá los involucrados no estén preparados para esa conversación.
En fin, que entre el montón de temas de interés público y que atañen a la administración federal, este del derrame sobre el Golfo de México es uno de los que sobresalieron en días recientes, porque ha servido para exhibir el nivel de quienes están para resolver, no para pretextar.
Y es que así como la señora Nahle Salió a decir que fueron unas cuantas gotas las derramadas, luego la titular de Profepa, Alicia Bárcena, pide la ayuda de los reporteros para difundir que las playas del golfo están bien, aunque ni ella misma tenga la certeza de que así sea.
¿Con qué cara vendrían a señalar y a exigir responsabilidades a un tercero particular si ellos, siendo gobierno, se escudan en argumentos fantasiosos para no reconocer el daño caudado en aquellas costas?
Al menos esto debería servir para ya dejar de una vez por todas atrás la manía de politizar todo, de darle a las cosas la dimensión que realmente tienen y de hablar con la verdad aunque ello no represente dividendos políticos.