
WASHINGTON- El derribo de dos aviones militares estadounidenses por parte de Irán supone un ataque sumamente inusual para Washington, algo que no ocurría desde hacía más de 20 años, y muestra la capacidad sostenida de la República Islámica para contraatacar a pesar de que el presidente Donald Trump afirmase que había sido “completamente diezmada”.
Los ataques se produjeron cinco semanas después de los primeros bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, y luego de que Trump declaró a principios de semana que la “capacidad de Teherán para lanzar misiles y drones está drásticamente limitada”.