En medio de tanto debate sobre el verdadero impacto de la industria maquiladora y manufacturera en Ciudad Juárez, hay un dato que pocas veces se pone sobre la mesa con suficiente claridad: cómo se distribuye realmente el gasto del sector.
Y, al revisar las cifras a enero de 2026, la conclusión es difícil de debatir: la maquila, antes que nada, es un generador masivo de ingresos para la población. Esto significa que el mayor beneficiario es el trabajador.
De un gasto total que supera los 15.2 mil millones de pesos, más de la mitad —alrededor del 52 por ciento— se destina directamente a remuneraciones al personal.
Es decir, sueldos y salarios. Este no es un detalle menor ni un componente más dentro de la estructura de costos: es, por mucho, el rubro dominante. En términos simples, el principal “cliente” de la maquila en Juárez es su propia fuerza laboral.
Estamos hablando de que, para pagar la nómina, las plantas destinaron en enero 7 mil 961 millones de pesos. Esto significa el 52 por ciento de todo el dinero que destinó la maquila para poder operar en un solo mes aquí.
Si a esto se le suman las contribuciones a la seguridad social —1 mil 168 millones de pesos— y las prestaciones —983 millones de pesos—, que en conjunto representan otro 14 por ciento del gasto, el peso del componente laboral se vuelve todavía más evidente. Estamos hablando de que cerca de dos terceras partes del dinero que mueve la maquila termina, directa o indirectamente, en los bolsillos de los trabajadores o en mecanismos vinculados a su bienestar, como el IMSS, las afores y el Infonavit.
En contraste, otros rubros tradicionalmente asociados al desarrollo económico local quedan rezagados. Los insumos nacionales apenas representan poco más del 8 % del gasto total en el mes —1 mil 269 millones de pesos—, lo que confirma un patrón estructural: la maquila sigue dependiendo en gran medida de componentes importados.
Por su parte, el gasto en servicios nacionales, aunque más relevante, con cerca del 25 por ciento, no alcanza a competir con el peso de la nómina como canal principal de derrama económica.
Este desglose permite aterrizar una idea clave que muchas veces se pierde en la discusión pública: el mayor beneficiario social de la maquila no es el empresario local ni la cadena de proveedores, sino el trabajador. Es en el ingreso laboral donde realmente se materializa el impacto económico del sector en la ciudad.
Y esto tiene implicaciones importantes. Por un lado, explica por qué cualquier ajuste en salarios —como los incrementos al salario mínimo en la frontera— tiene un efecto inmediato sobre los costos de operación de la industria. Pero, por otro, también deja claro que estos aumentos no son un simple “golpe” a la competitividad: son, en realidad, una expansión directa de la derrama económica hacia la base social.
Al final del día, la maquila en Ciudad Juárez opera bajo una lógica muy clara: importa insumos, ensambla valor… y distribuye ingresos. Y, en ese modelo, la nómina no es solo un costo más, sino el verdadero motor que sostiene la economía local.
Servicios: otro gran rubro de gasto
Pero, si la nómina explica el corazón de la derrama, el gasto en servicios permite entender cómo respira operativamente la maquila en lo local. Porque ese 25 % del gasto total que se queda en servicios nacionales no es homogéneo; al desmenuzarlo, aparece una radiografía mucho más reveladora de la economía que gira alrededor de la industria.
Del total de servicios consumidos en el mercado local —casi 3.9 mil millones de pesos—, una parte importante se concentra en lo que se clasifica como “otros”, que en realidad corresponde al mantenimiento, reparación y operación, el famoso MRO.
Este rubro, por sí solo, absorbe más de 2.7 mil millones de pesos, lo que lo convierte en el principal destino del gasto en servicios. Traducido: mantener funcionando la maquinaria, las líneas de producción y toda la infraestructura industrial es, después de pagar salarios, una de las prioridades más intensivas en recursos dentro de la maquila.
Más allá del MRO, hay otros componentes que también delinean la cadena de valor local. Los servicios profesionales —donde entran desde asesorías hasta trámites aduanales— superan los 330 millones de pesos, lo que refleja la complejidad administrativa y logística de operar en un esquema profundamente integrado al comercio exterior. No es solo producir: es cumplir, documentar y mover mercancía en tiempo y forma.
El gasto en fletes, por su parte, rebasa los 229 millones de pesos, confirmando algo que en la frontera es evidente: la logística no es un complemento, es columna vertebral. Cada producto ensamblado en Juárez está pensado para moverse, y ese movimiento genera una derrama constante hacia transportistas y operadores logísticos.
En menor medida, pero no irrelevante, aparecen los pagos por alquiler de bienes muebles e inmuebles, con cerca de 586 millones de pesos. Aquí entra desde naves industriales hasta equipo especializado, lo que evidencia que buena parte de la infraestructura productiva opera bajo esquemas de arrendamiento más que de propiedad, un modelo que da flexibilidad, pero también genera dependencia de ciertos proveedores.
Otros rubros, como el suministro de personal o la submaquila, tienen una participación mucho más marginal dentro del total, lo que sugiere que, al menos en este momento, la industria mantiene una operación relativamente integrada dentro de sus propias plantas, sin depender excesivamente de la externalización de procesos.
En conjunto, este desglose deja ver que, aunque la nómina es el gran canal de derrama social, los servicios son el ecosistema que hace posible la operación diaria. Desde el mantenimiento de una máquina hasta el cruce de una mercancía por aduana, hay toda una red de actividades económicas locales que viven —y dependen— del dinamismo de la maquila.
En total, la industria maquiladora gastó en enero de 2026, 15 mil 284 millones de pesos en Ciudad Juárez y, como se ve, el mayor beneficio se lo lleva la sociedad.