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AM 06 Apr, 2026 06:05

¿Qué nos pasó?

perspectiva 1

En el año 2005 conocí China y, desde el momento en que llegamos a Shanghái, tuve la impresión de que estaba visitando el siglo XXI. Decían, en broma, que la verdadera bandera del país no era la del fondo rojo, la hoz y el martillo, sino la grúa viajera que estaba por todos lados. 

Decenas de retroexcavadoras demolían viejas vecindades para dar paso a nuevas vialidades y edificios. La movilidad social que ofrecía Shanghái sólo podía controlarse mediante aduanas internas, donde no todos los campesinos y pobladores de otras ciudades podían establecerse. Todo era administrado por la ciudad, que en ese entonces contaba con unos 17 millones de habitantes.  Hoy, Shanghái es la ciudad con la economía más fuerte del país y alcanza los 25 millones de habitantes. 

Después de 21 años, el pronóstico se hizo realidad: China dominará este siglo y verá la mayor creación de riqueza en la historia de la humanidad. La visión de Deng Xiaoping, al abrir su economía y liberar el potencial de trabajo y de creatividad de su pueblo, lo convierte en el hombre más importante de la segunda mitad del siglo XX. En apenas dos generaciones, China sacó a unos 800 millones de habitantes de la pobreza (en muchas provincias, de la miseria). 

Basta con ver algunos reportajes de ciudades como Shanghái, Chongqing, Beijing y Shenzhen. La última de esta lista es un verdadero prodigio del urbanismo visionario, de la productividad, de la inventiva y del arte. Hoy, conocida como la capital mundial de los electrónicos, se acerca a los 20 millones de habitantes. Hace 40 años, Shenzhen no superaba los 50 mil habitantes. Ahí se producen los autos y autobuses eléctricos de BYD, los drones DJI y los celulares y autos de Huawei. Su ingreso por habitante supera el de todos los países de Latinoamérica con una media de 27 mil dólares anuales. Todo en menos de dos generaciones. Cuando era un pueblo de pescadores en 1975, el ingreso per cápita en China era de apenas 200 dólares anuales. 

Cuando leemos que en México la economía está estancada, que los transportistas y campesinos hacen un paro nacional por la inseguridad en las carreteras, la extorsión de las autoridades, los altos precios del diésel y los bajos precios de sus productos, tememos que paren al país. Entonces pensamos en el presupuesto federal, agobiado por las deudas de Pemex, las pensiones universales y la propia deuda pública que llega a 20 billones de pesos. 

También vemos el dolor y el infierno en el que viven cientos de miles de familiares de personas desaparecidas, el crecimiento del poder del crimen organizado y el desaliento de los empresarios. ¿Qué nos pasó? ¿Sería que la democracia no es un buen sistema? ¿Sería mejor volver a la “dictadura” perfecta del PRI? 

¿Qué sucedió con la oposición, en particular con el PAN, que prometió, sin cumplir, un cambio de raíz, sin odio ni violencia? Hoy es lo más parecido que ha existido al PRI. Lo que sucedió durante el sexenio pasado tuvo alcances sociales positivos, como el aumento del salario mínimo y el apoyo a los más desprotegidos. Pero tuvo hoyos negros trágicos, como la estrategia de dividir al país o de dar abrazos y no balazos a grupos de poder asociados al crimen organizado. Son 200 mil mexicanos los que perdieron la vida en ese periodo. ¿Qué pasará durante el resto del sexenio? La duda nos consume.

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