Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron este lunes sobre la muerte de Asghar Bagheri, comandante de la Unidad de Operaciones Especiales de la Fuerza Quds, durante una incursión en la capital iraní. Este mando militar ejercía la dirección de dicha unidad desde el año 2019, desempeñando un papel clave en las actividades exteriores del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
El reporte oficial israelí describe a Bagheri como una figura central en la planificación de ataques contra intereses de Israel y Estados Unidos en diversos puntos geográficos. Bajo su mando, la unidad intensificó las acciones militares en la zona fronteriza entre Siria e Israel, dirigidas específicamente contra las tropas de las FDI estacionadas en dicha región. Hasta el momento, las autoridades de Teherán evitaron emitir comentarios sobre la veracidad de la incursión o el estado actual del comandante.
The IDF says it killed Asghar Bakri, commander of the Quds Force’s Unit 840, in a precision airstrike in Tehran.
— Open Source Intel (@Osint613) April 6, 2026
The military said Bakri had led the unit since 2019, overseeing operations targeting Israeli and U.S. interests and directing attacks via operatives in Syria. pic.twitter.com/UYZTpNPbGT
La pérdida de Bagheri se suma a una lista de bajas constantes dentro del liderazgo de seguridad iraní. Desde el estallido del conflicto a finales de febrero, la estructura militar de la República Islámica registró el fallecimiento de numerosos oficiales de alto rango pertenecientes al CGRI, al ejército convencional y a la organización paramilitar Basij.
A este suceso se sumó, en las primeras horas del lunes, la muerte del general de división Majid Khademi, jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, según informó el propio organismo de seguridad.

La Fuerza Quds constituye el brazo de operaciones externas de Irán y mantiene presencia activa en varios países de la región. Las FDI sostienen que Bagheri impulsó iniciativas estratégicas que derivaron en confrontaciones directas. La desaparición de estos altos cargos militares ocurre en un momento de volatilidad, donde las propuestas diplomáticas enfrentan obstáculos por el incremento de las hostilidades.
El entorno de seguridad en Teherán permanece bajo vigilancia tras la operación aérea. Este evento acentúa la vulnerabilidad de las infraestructuras de mando en territorio iraní. Mientras tanto, la comunidad internacional sigue de cerca el desarrollo de estos ataques, los cuales alteran el balance de fuerzas en el terreno y dificultan la posibilidad de un entendimiento inmediato entre las partes involucradas en la guerra. La situación se mantiene en desarrollo a la espera de una respuesta oficial por parte del gobierno iraní.