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Radar Inteligente
El Imparcial 06 Apr, 2026 08:48

Emprender… ¿desde la cárcel?

Hay lugares donde uno no espera encontrar esperanza. Y sin embargo, ahí había.

Hace unos días entré a una penitenciaría en Baja California, invitado por la Secretaría de Economía e Innovación del Estado de Baja California. En esta ocasión no fui a hablar, fui a escuchar, y lo que encontré fue algo que rara vez vemos afuera: personas pensando en su futuro con una claridad tremenda, sin excusas y con una urgencia envidiable.

Era el cierre de un curso de emprendimiento para mujeres privadas de su libertad presentando ideas de negocio. Algunas muy básicas como comida, servicios, oficios; otras más estructuradas, con costos, clientes y propuesta clara. Pero todas con algo en común: la necesidad de reconstruirse.

Cuando alguien pierde su libertad, pierde mucho más que el movimiento: pierde su red de apoyo, la confianza en uno, su reputación ante los demás y muchas oportunidades. Y creo que ahí es donde el emprendimiento deja de ser moda para pasar a ser una herramienta real.

Para unos, emprender es levantar capital, para ellas es levantarse a si mismas. Soy crítico del gobierno porque todo ciudadano debería serlo, pero en muchas ocasiones también he distinguido cuando los esfuerzos del gobierno sí suman y donde abren puertas cuando normalmente hay muros o cuando activan algo fundamental: posibilidades.

Un ecosistema emprendedor no es un evento, ni un curso, ni una política aislada, es la suma de actores que hacen que una idea de negocio tenga posibilidades reales de sobrevivir: gobierno, sí; pero también empresarios, mentores, clientes, proveedores, instituciones y comunidad… y si ese ecosistema no incluye a quienes buscan una segunda oportunidad, entonces está incompleto.

Se cree que las personas, sobre todo las privadas de su libertad, no quieren salir adelante y no siempre es así, el reto es que el sistema no siempre está diseñado para dejarlas entrar: el empresario que decide contratar o comprar, el cliente que decide confiar, el mentor que decide orientar, el entorno que decide dejar de ver antecedentes y empezar a ver potencial.

El emprendimiento tiene algo que muy pocas pocas políticas públicas logran: dignificar desde adentro de la persona, sin subsidios sino de oportunidades reales.

Lo que vi ese día no eran internas cumpliendo un curso más, vi personas tratando de recuperar la posibilidad de decidir su propia vida descubriendo que pueden generar valor, deja de verse como carga y empezar a verse como un activo que suma. Tal vez ahí está la verdadera función de un ecosistema: no solo crear empresas, sino habilitar personas.

La segunda oportunidad no es un acto de buena voluntad, es una inversión social inteligente; si logramos un ecosistema donde gobierno abre puertas, empresarios apuestan y la sociedad responde, entonces sí hablamos de desarrollo real.

Amigos, el trabajo y el emprendimiento no solo crean oportunidades, también crean dignidad, y cuando una persona recupera su dignidad, después de haberlo perdido todo, no solo cambia su historia: se vuelve parte de un ecosistema que, ahora sí, empieza a funcionar.

*- El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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