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Mundiario 06 Apr, 2026 14:43

Israel consolida una “zona de seguridad” en el sur de Líbano con la destrucción de sus ciudades

La expansión de la ofensiva de Israel en el sur del Líbano ha abierto una nueva fase del conflicto regional marcada no solo por la intensidad de los combates, sino por la transformación del territorio. La destrucción sistemática de pueblos enteros, la voladura de infraestructuras y el desplazamiento masivo de población apuntan a un objetivo estratégico más amplio: la consolidación de una zona de seguridad a lo largo de la frontera.

En las últimas semanas, el ejército israelí ha ampliado significativamente el alcance geográfico de sus operaciones, golpeando no solo el sur del país, sino también áreas como los suburbios de Beirut y el valle de la Becá. Sin embargo, es en la franja meridional —especialmente al sur del río Litani— donde la ofensiva adquiere un carácter más estructural.

Localidades como Naqoura o Taybeh han sido escenario de detonaciones controladas que han arrasado hileras completas de edificaciones, en lo que fuentes sobre el terreno describen como una transformación deliberada del paisaje.

El objetivo declarado por Israel es debilitar a Hezbolá y alejar su presencia de la frontera. Los altos mandos militares han asegurado haber eliminado a más de mil combatientes y han prometido continuar una campaña “ilimitada en el tiempo”. Esta estrategia recuerda a precedentes históricos en la región, donde la creación de cinturones de seguridad ha sido utilizada como mecanismo de contención frente a amenazas asimétricas.

Sin embargo, el coste humano y material de esta política es elevado. Según autoridades libanesas, cerca de 1.500 personas han muerto en cinco semanas de ofensiva, incluyendo civiles, trabajadores sanitarios y menores. A ello se suma el desplazamiento de más de un millón de personas, muchas de ellas procedentes de comunidades chiíes que constituyen la base social de Hezbolá.

La destrucción de viviendas y servicios básicos dificulta cualquier retorno a corto plazo, lo que genera una crisis humanitaria de gran escala.

Más allá de los bombardeos, uno de los elementos más relevantes de la ofensiva es el ataque a infraestructuras clave. Puentes, carreteras y rutas de suministro han sido objetivo recurrente, lo que ha contribuido a aislar amplias zonas del sur del país. Expertos sobre el terreno advierten de que esta táctica no solo tiene implicaciones militares, sino que afecta directamente al acceso de la población a ayuda humanitaria, servicios médicos y bienes esenciales.

En este contexto, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano ha reiterado que “no existe una solución militar para este conflicto” y ha instado a las partes a retomar el camino diplomático. No obstante, sus llamados, al igual que los del Gobierno libanés, han tenido un impacto limitado en el desarrollo de las operaciones.

El presidente libanés, Joseph Aoun, ha advertido del riesgo de que el sur del país siga una trayectoria similar a la de Gaza, donde la devastación ha alterado profundamente la estructura social y económica. Esta preocupación no es menor en un país como el Líbano, que ya arrastra una grave crisis económica y política desde hace años. La destrucción de infraestructuras y el desplazamiento masivo pueden agravar tensiones internas, incluidas las de carácter sectario.

Israel continues to destroy southern Lebanon. pic.twitter.com/08KHMS08Rp

— Clash Report (@clashreport) April 6, 2026

Por su parte, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha tildado este lunes de “completamente inaceptable” la invasión israelí del sur del Líbano y ha exigido la retirada del Ejército de Israel de su territorio durante una llamada telefónica con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Salam ha sostenido que “la incursión israelí en el Líbano bajo pretextos como la creación de una zona de amortiguación o un cinturón de seguridad es completamente inaceptable, y que Israel debe cesar sus operaciones militares y retirarse de todo el territorio libanés”, según reza un comunicado emitido por su Ejecutivo.

La respuesta de Hezbolá, por su parte, ha consistido en intensificar sus ataques contra posiciones israelíes y comunidades fronterizas, lo que refuerza una dinámica de escalada difícil de contener. La milicia ha reiterado su intención de continuar la lucha, mientras sectores políticos libaneses critican que el país esté pagando un alto precio por una guerra que consideran impuesta.

El resultado es un escenario en el que la dimensión militar se entrelaza con una crisis social en gestación. La destrucción del sur libanés no solo afecta a la capacidad operativa de Hezbolá, sino que reconfigura el equilibrio interno del país y plantea interrogantes sobre su estabilidad futura. @mundiario

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