PIB del neoliberalismo al populismo neoliberal
En la campaña presidencial que lo llevó a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador definió un proyecto de desarrollo estrictamente antineoliberal, pero en Palacio Nacional el periodo de la 4ªT se ha visto obligado a continuar con el modelo económico neoliberal del Fondo Monetario Internacional que México pactó hace 50 años.
El debate sobre el PIB en la actualidad tiene que ver con la Carta de Intención de Política Económica que el presidente Luis Echeverría Álvarez firmó en secreto con el FMI para reconocer de manera explícita que su estrategia populista había generado inflación y ésta había derivado en la devaluación. Ese documento subordinó desde entonces la política de desarrollo a los criterios del Artículo IV del fondo: cumplir con la teoría friedmaniana del monetarismo para comprometerse a centrar las decisiones presupuestales en el criterio de control de la inflación por el lado de la demanda –“la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”–.
Los dos gobiernos de la 4ªT están acotados por su dependencia del pensamiento económico fondomonetarista, de manera igual a la que aceptaron dócilmente las administraciones federales de López Portillo, De La Madrid Hurtado, Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León, Felipe Calderón y Peña Nieto. La última Carta del FMI, en modo de la de 1976, fue firmada en noviembre pasado.
Cuando el PRI ya no pudo sostener su continuidad política desde la Secretaría de Gobernación, el PAN llegó a la presidencia de la República para centralizar el eje del modelo de gobierno en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, cuyos titulares no pudieron ocultar su origen friedmaniano como Chicago boys mexicanos: Francisco Gil Díaz con Fox era jefe de esta corriente atrincherada en el Banco de México, Hacienda y el Instituto tecnológico Autónomo de México; y Agustín Carstens Carstens fue traído por Calderón a manejar las finanzas mexicanas cuando cumplía un papel fundamental nada menos que como subgerente general del FMI, el número dos en el mando del neoliberalismo mundial.
López Obrador y ahora Sheinbaum Pardo han insistido en que su política de desarrollo es antineoliberal, pero su sustento económico cumple con los postulados de la inflación desde la óptica del FMI de atacarla por el lado de la demanda. Los Criterios Generales de Política Económica de los nueve años de la 4ªT se sustentan en el cumplimiento de la condicionalidad del Fondo respecto de combatir la inflación por el lado de la demanda y de que la política del desarrollo debe someterse a la doctrina de estabilización macroeconómica.
El PIB mexicano se encuentra subordinado en el modelo FMI: no hay crecimiento económico porque las finanzas públicas están atadas al lastre doctrinario fiscal del conservadurismo neoliberal del Fondo y la escasez de recaudación alcanza apenas para proyectos de programas sociales de dinero regalado que no genera multiplicación económica y lleva a sacrificar inversión productiva en aras del cautiverio social con subsidios improductivos. Las pruebas están a la vista: el gobierno federal ha dedicado este año alrededor de un billón de pesos –el 10% del gasto total– a subsidios improductivos y ese dinero no se ha orientado a estimular la economía productiva que genere más riqueza, más PIB y más recaudación, porque la prioridad de política económica busca garantizar la lealtad electoral de los beneficiarios del dinero regalado.
El problema no está en el populismo de programas sociales improductivos, sino en que la política económica del Gobierno no se atreve a una reforma fiscal que amplíe la recaudación y genere recursos también para la actividad económica productiva, mientras el propio Estado sigue naneando a los empresarios convirtiéndonos en subordinados contratistas públicos –el modelo del empresario político Carlos Slim Helú– y la política de competitividad también es inexistente para generar un sector privado moderno y productivo.
El saldo del desarrollo estabilizador, el populismo echeverrista, el neoliberalismo salinista y el populismo neoliberal lopezobradorista está en el fracaso del Tratado de Comercio Libre porque México participa como maquillador o ensamblador y en el cual la participación nacional de transformación en los productos de exportación ha bajado de 60% a 40% en los mismos años del Tratado.
Sin PIB no hay país, no hay riqueza que repartir, no hay estructura productiva nacional, no hay bienestar creciente sin inflación y no habrá modernización industrial y agropecuaria.
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Política para dummies: La política es producto de la economía.
@carlosramirezh
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El cargo Indicador Político apareció primero en Noticias de Yucatán.