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Quadratin 08 Apr, 2026 05:15

A la Vista Pública

Subsidio hoy, crisis mañana: el costo oculto del IEPS

México no está en guerra, pero su economía ya resiente los efectos. La escalada en Medio Oriente, particularmente entre Estados Unidos e Irán, ha detonado un choque energético global que golpea directamente el bolsillo nacional. No es geopolítica lejana: es inflación, es combustible, es costo de vida.

Con el barril de petróleo superando los 111 dólares, el mercado energético opera bajo tensión constante. Y aunque México exporta crudo, su dependencia de combustibles refinados lo coloca en una posición vulnerable: vende caro, pero compra más caro. El gobierno ha optado por contener el impacto mediante subsidios. Hoy, el estímulo al diésel supera el 80% del IEPS. Es una medida necesaria, pero NO sostenible. Cada litro subsidiado implica miles de millones de pesos que dejan de invertirse en infraestructura y crecimiento. Es estabilidad inmediata a costa de futuro.

Pero el problema escala. El diésel, base del transporte, puede elevar hasta 4% el costo de los fletes por cada peso adicional. La turbosina ha aumentado cerca de 120% en un mes, impulsando alzas superiores al 20% en el transporte aéreo. Y si el conflicto se prolonga, el escenario se agrava: petróleo por encima de 120 dólares, inflación sostenida y un tipo de cambio más volátil.

Más del 80% de las mercancías en México se mueve por carretera. Si el costo logístico se dispara, se encarece todo: alimentos, medicinas, insumos. A esto se suma un dato crítico: el diésel ha incrementado más de 100% a nivel global desde finales de 2025. 

Y mientras el mundo encarece la energía, México encarece su propia operación. Empresarios denuncian robos en carreteras y extorsiones en ciudades clave. El sobrecosto no solo viene del exterior, se multiplica internamente. Aquí no solo importamos inflación, también la producimos. El dilema es claro: sostener subsidios o asumir el costo real del mercado. Pero ninguno resuelve el fondo. El problema no es solo el precio del petróleo, es la fragilidad del modelo económico frente a choques externos.

La llamada soberanía energética enfrenta su prueba más dura. No basta con producir más si seguimos dependiendo de lo que no controlamos. La resiliencia no se construye con subsidios, sino con Estado de derecho, eficiencia logística y fortalecimiento del mercado interno.

Si el conflicto persiste, el encarecimiento de energéticos y transporte seguirá trasladándose a bienes y servicios, generando una inflación persistente que erosionará el poder adquisitivo y debilitará el consumo. Al mismo tiempo, sostener subsidios prolongados obligará al Estado a destinar más recursos para contener precios, reduciendo su capacidad de inversión y elevando el riesgo de desequilibrios fiscales o recortes estratégicos.

Hoy, México financia estabilidad de corto plazo mientras acumula riesgos de largo plazo. Y si el conflicto escala, la factura será más alta, más profunda y más visible.

Porque cuando el mundo entra en conflicto, México NO decide… pero siempre paga.

La entrada A la Vista Pública se publicó primero en Quadratín Puebla.

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