En los últimos años, principalmente en las empresas de tecnología que ofrecen servicios financieros, o también llamadas fintech, la conversación solía centrarse en el crecimiento: crecer rápido, levantar capital y escalar operaciones. En la actualidad eso ha cambiado. Ahora, una de las preguntas más discutidas y que se ha vuelto importante para el desarrollo del negocio ha sido: ¿cómo utilizar los recursos de manera inteligente para que ese crecimiento sea sostenible? En el entorno económico que estamos viviendo, nos encontramos con un panorama competitivo y el verdadero desafío no es solo expandirse, sino hacerlo con disciplina, tecnología y una visión de largo plazo.
En México, este debate es particularmente relevante. El país tiene un enorme potencial para el desarrollo de empresas tecnológicas, pero también enfrenta desafíos estructurales en la población: grandes brechas de acceso a servicios financieros, profundas diferencias regionales y una diversidad de realidades económicas que obligan a diseñar soluciones mucho más adaptadas al contexto local. La experiencia del sector ha dejado claro algo importante: un producto aislado rara vez resuelve un problema estructural; por lo mismo, se deben de tener ecosistemas digitales que integren servicios financieros que ayuden en el día a día de las personas y que administren con mayor facilidad los recursos de los usuarios. Pero detrás de esta evolución hay un factor menos visible y mucho más determinante: la disciplina en el uso de la tecnología y del capital. En el sector tecnológico existen dos caminos. El primero es depender ampliamente de proveedores externos para operar. El segundo es invertir en desarrollar infraestructura tecnológica propia. Aunque este último implica mayores costos iniciales, también ofrece ventajas importantes a largo plazo: mayor control sobre los productos, mayor velocidad de innovación y una estructura de costos más eficiente conforme el negocio escala. Un ejemplo de ello es cómo la Inteligencia Artificial (IA) está transformando la forma en que operan las empresas financieras digitales. Ya no se trata únicamente de automatizar procesos, sino de aprovechar los datos para entender mejor a los usuarios, gestionar riesgos con mayor precisión y ofrecer productos más personalizados. Esto es particularmente relevante en un país como México, donde la diversidad económica y social es enorme. No existe un único perfil de usuario ni una sola realidad financiera. Las necesidades de una persona en una gran ciudad pueden ser completamente distintas a las de alguien que vive en una ciudad más pequeña o que trabaja en la economía informal. Comprender esas diferencias requiere algo más que intuición: requiere datos, análisis y herramientas tecnológicas capaces de adaptarse a distintos contextos.
Durante mucho tiempo, el sector tecnológico global aceptó la idea de que las pérdidas eran el costo inevitable del crecimiento. Hoy esa tolerancia es menor. Los mercados están enviando una señal clara: crecer es importante, pero hacerlo con fundamentos financieros sólidos es aún más relevante. Incluso con la mejor tecnología disponible, ningún modelo empresarial puede sostenerse sin un principio básico: la rentabilidad. En otras palabras, pasar de la lógica del crecimiento acelerado a la del crecimiento inteligente. El aprendizaje que está emergiendo del ecosistema tecnológico es claro. Las empresas que logran consolidarse no son necesariamente las que crecen más rápido, sino las que logran equilibrar innovación, tecnología y disciplina financiera. En un momento en el que la IA, los datos y las plataformas digitales están redefiniendo industrias completas, el desafío no es únicamente innovar. Porque al final, construir una empresa sostenible no depende solo de tener una buena idea o de levantar capital. Depende de algo mucho más complejo, y mucho más escaso: la capacidad de convertir tecnología, talento y capital en valor real y duradero. _____ Nota del editor: Marlene Garayzar es CGO y cofundadora de Stori. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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