nullEn México hay una distancia cada vez más evidente entre el discurso y la realidad. Pocas actividades lo reflejan con tanta claridad como el transporte de carga.
Quienes recorren las carreteras no solo mueven mercancías; enfrentan un riesgo constante: asaltos, violencia y pérdidas que no son estadísticas, sino experiencias cotidianas.
Durante meses, el gremio ha alzado la voz. Ha pedido mayor presencia, coordinación y acciones en los tramos más peligrosos. No es una exigencia excesiva: es lo mínimo para poder trabajar. La respuesta, sin embargo, ha sido insuficiente.
Mientras las cifras se discuten desde el escritorio, en la carretera las decisiones llegan tarde… o no llegan. El problema no es solo la inseguridad, sino la insistencia en un discurso que habla de avances que no se sienten.
Cuando la narrativa se aleja de la realidad, pierde credibilidad. La situación exige más que declaraciones. Exige estrategia, coordinación y presencia real del Estado. El transporte es columna vertebral de la economía.
Lo que ocurre en las carreteras impacta en el abasto y en los precios.
La seguridad no puede ser discurso. Tiene que ser realidad, porque, cuando la realidad rebasa al discurso, ya no hay explicación que alcance.