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Expansion 10 Apr, 2026 06:00

Las niñas y los niños primero

En México hablamos con frecuencia de crecimiento económico, innovación y competitividad global, pero hay una pregunta incómoda que rara vez se coloca en el centro del debate: ¿qué lugar ocupan las infancias en nuestro modelo de desarrollo? Porque ningún país puede aspirar a un futuro próspero si descuida sistemáticamente a quienes lo van a habitar.

El 30 de abril suele reducirse a celebraciones simbólicas, regalos y discursos bien intencionados; sin embargo, cuidar de las niñas y los niños va mucho más allá de una fecha conmemorativa; implica asumir, de manera seria, el principio del interés superior de la niñez como eje rector de las políticas públicas, de las decisiones presupuestales y, también, de las estrategias económicas. Invertir en infancias no es un gasto social, sino una de las decisiones más rentables que puede tomar un Estado. La evidencia es contundente. La nutrición, la salud, la educación temprana y los entornos seguros tienen impactos directos en la productividad futura, en la reducción de desigualdades y en la cohesión social. Aun así, en México, millones de niñas y niños crecen en contextos de pobreza, violencia o abandono institucional. Para quienes analizan la nación desde la óptica empresarial o financiera, esto debería ser una señal de alerta. Una porción demográfica mal atendida se convierte rápidamente en un pasivo social. La falta de políticas integrales para las infancias termina reflejándose en mayores costos en salud, seguridad, justicia y asistencia social a largo plazo. Dicho de otra manera, ignorarlas es batear los problemas hacia el futuro, con intereses acumulados. Además, el cuidado infantil no es un asunto aislado, sino que está profundamente ligado a la participación económica de las mujeres. Sin sistemas de cuidado accesibles y de calidad, millones de madres quedan fuera del mercado laboral o atrapadas en la informalidad, lo que, sin duda, no solo afecta sus ingresos y autonomía, también impacta en la competitividad del país. Hablar del interés superior de la niñez implica repensar prioridades, desde el diseño urbano y la movilidad, hasta la jornada laboral, la digitalización de servicios públicos y el acceso a tecnología educativa. Es decir, significa entender que las infancias no son un tema secundario, sino un indicador del tipo de sociedad que estamos construyendo.

Este 30 de abril vale la pena preguntarnos si México está dispuesto a tomarse en serio a sus niñas y niños, porque el desarrollo no se mide solo en producto interno bruto, sino en la capacidad de garantizar que la siguiente generación tenga mejores oportunidades que la anterior. La discusión cobra todavía más relevancia si se observa desde una perspectiva territorial. Las condiciones de vida de las infancias varían de manera dramática según el lugar donde nacen. Mientras algunos niños acceden a educación temprana, conectividad digital y servicios de salud oportunos, otros crecen sin agua potable, sin escuelas cercanas o expuestos a dinámicas de violencia cotidiana. Esta desigualdad temprana además de injusta, también es profundamente ineficiente, porque condena al país a reproducir brechas que luego resultan mucho más costosas de cerrar. A ello se suma un desafío institucional, a saber, la fragmentación de las políticas públicas dirigidas a la niñez. Programas dispersos, presupuestos limitados y falta de coordinación entre niveles de gobierno debilitan cualquier estrategia de largo plazo. Protegerlos requiere visión integral, continuidad y capacidad de evaluación. No basta con buenas intenciones ni con acciones aisladas, se necesita un enfoque sistémico que articule salud, educación, protección social y desarrollo económico. Asimismo, no puede ignorarse el impacto de la transformación digital en la vida de niñas y niños. El acceso desigual a tecnología y conectividad está creando una nueva brecha que condicionará oportunidades educativas y laborales futuras. Incorporar herramientas digitales sin una estrategia de inclusión, alfabetización y protección puede profundizar desigualdades en lugar de reducirlas. La infancia digital también requiere regulación, inversión y una mirada ética. Un país que no coloca a sus niñas y niños en el centro de su proyecto de desarrollo está renunciando, de manera silenciosa, a su propio futuro. El interés superior de la niñez no es un concepto abstracto ni un eslogan, es una guía concreta para decidir qué tipo de crecimiento se persigue y a quién beneficia.

Por eso, este 30 de abril debería funcionar como un punto de inflexión para preguntarnos si estamos dispuestos a construir un modelo de desarrollo que mire más allá del corto plazo. Porque invertir en infancias no es solo una obligación moral, es, quizá, la decisión económica más inteligente que puede tomar México. _____ Nota del eitor: Alba Yaneli Bello es jueza de distrito en retiro. Síguela en Instagram como @Lalicbello Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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