Abro esta columna haciendo alusión a una emblemática frase de los Simpson: “¿Alguien quiere pensar en los niños?, ¡por favor!”, y pareciera a manera de sátira el contraste de lo que frase implica en el episodio; sin embargo, es menester aterrizar con realidad el tema que traigo a la trinchera digital con estas líneas.
Se vislumbra para mitad de año el Mundial de futbol, y México ha salido a relucir buscando un posicionamiento global de buena imagen. En la ciudad, el caos de remodelaciones, cierres y ajustes urbanos se ha convertido en parte del intento por maquillar aquello que será visto desde afuera: señalización, movilidad y apariencia. Todo parece orientado a que la narrativa mediática no capture errores, desorden o una imagen negativa de lo que queremos mostrar al mundo, una ciudad “bonita” pues. Sin embargo, hay un tema del que poco o nada se ha hablado… México arrastra desde hace décadas una realidad incómoda: es un destino identificado en múltiples análisis internacionales como punto de turismo sexual, particularmente de menores. Esto no es nuevo, no es aislado y no es desconocido. Es una problemática estructural que se concentra en diversas zonas del país, especialmente en destinos turísticos paradisíacos, donde la demanda externa encuentra condiciones propicias para operar. El consumo de menores, la pornografía infantil se convierte en el día a día de muchos puntos frecuentados por turistas en el país. En ese contexto, eventos de escala global como un Mundial no solo atraen turismo deportivo. También incrementan flujos de personas con distintos intereses, no todos legítimos. Pensar que todos los visitantes vienen a ver partidos o a disfrutar del ambiente es una visión ingenua, varios de ellos utilizarán como pretexto el Mundial para cometer diversos delitos relacionados a los menores. La experiencia internacional ha demostrado que este tipo de eventos también pueden detonar mercados paralelos, entre ellos, el de explotación sexual infantil. Y aquí es donde el silencio resulta preocupante. Mientras se invierte en infraestructura, imagen urbana y narrativa internacional, no se observa el mismo nivel de atención en la prevención, vigilancia y combate de delitos que afectan directamente a menores. No hay campañas visibles, no hay posicionamientos contundentes, no hay una estrategia clara que acompañe este incremento de exposición global. Intentar dejar de lado el problema que existe desde hace varios años es un total error, pareciera una permisividad velada.
El problema no es solo que exista esta realidad, sino que no forme parte del discurso público cuando debería ser central. Porque ignorarlo no lo elimina. Al contrario, lo facilita. México no puede aspirar a proyectar una imagen internacional sólida si al mismo tiempo mantiene zonas grises donde los más vulnerables quedan expuestos. La reputación de un país no se construye únicamente con estadios, vialidades o eventos bien organizados. También se construye y se podría medir por su capacidad de proteger a quienes no pueden protegerse por sí mismos. El Mundial pasará, las transmisiones se irán, la narrativa mediática cambiará, pero las consecuencias de lo que no se atendió permanecerán. Y a veces esas consecuencias son totalmente silenciosas, ante grupos organizados que facilitan esto, teniendo a víctimas que no podrán vivir una vida fuera del trauma. Porque no todos los visitantes vienen por el futbol. Algunos llegan porque saben que pueden encontrar algo más. Y mientras eso siga siendo posible, cualquier intento de proyectar una “buena imagen” será, en el fondo, una simulación.
La realidad incómoda sobre México figurando en la fabricación de pornografía infantil, turismo sexual infantil y varios delitos relacionados a menores no es algo ínfimo, al contrario, es algo que requiere una vital atención antes que se acerquen los meses venideros. Alguien tendría que pensar en los niños…. ____ Nota del editor: Carlos Ramírez Castañeda es especialista y apasionado por el Derecho Informático, particularmente en ramas de Ciberseguridad, Cibercriminalidad y Ciberterrorismo. Tiene un Máster en Derecho de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Santiago de Compostela España, Doctor en Administración y Políticas Públicas de México. Es colaborador de diversas instituciones académicas y gubernamentales, profesional siempre interesado en temas de ciberprevención particularmente con sectores vulnerables. Síguelo en Twitter como @Ciberagente . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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