A veces, cuando paso junto a los grandes almacenes del barrio de Arguelles en Madrid, me viene al recuerdo ‘La camisa’, una de las obras teatrales más famosa de Lauro Olmo. El ourensano, además de por su calidad literaria, al principio de los años setenta se hizo famoso en toda España por la resistencia al injusto desahucio de su edificio en aquel barrio. Atrincherado en soledad colgó una camiseta en el balcón como pancarta de protesta. La foto dio la vuelta al mundo y a la resistencia antifranquista nos quedó en el magín para siempre. El gesto de Lauro podemos considerarlo el precedente histórico del triunfo de las camisetas publicitarias de nuestros días. Hoy no existe movimiento de éxito, político, cultural, social, deportivo o artístico que no cuente con una camiseta específica. La camiseta es símbolo de presencia vital y esta semana Pedro Sánchez la ha elevado a la categoría de “comunicado institucional”.
El presidente del Gobierno ha aparecido en las redes vistiendo la camiseta de la selección española de fútbol, versión blanca, para anunciar y celebrar, bajo el lema “Somos el mejor equipo”, haber alcanzado los veintidós millones de personas afiliadas a la Seguridad Social. Un récord sin precedentes. Los memes no tardaron en dispararse. Un tercio de España se mostró cabreada, otro tercio aplaudió la ocurrencia y el tercero se puso a pensar en la cifra. Para mí la suma de los tres tercios en vivo avala el rotundo éxito de semejante comunicación, aunque considere que hay que ser valiente o inconsciente para, ejerciendo de presidente del Gobierno, atreverse a descender a los infiernos de las redes vestido de semejante guisa. Desde el punto de vista institucional rompió todos los esquemas del protocolo oficial. Primero se adelantó a la comunicación rigurosa del Ministerio del ramo. segundo redondeó la cifra para impactar más. Y tercero tuvo la osadía de utilizar el máximo símbolo deportivo del país, capaz de aunar todas las tendencias partidarias frente a un contrario común. El impacto ha sido eficaz. Hoy toda España tiene el mensaje del 22 en la cabeza. Imposible de superar con las tradicionales sumas de las estadísticas, los baremos, los esquemas, las gráficas al uso, los aplausos verbales. El punto de giro comunicacional de Sánchez en camiseta ha hecho historia en la historia política de la prenda.
El gesto no ha sido improvisado. Desde que gobierna, Sánchez se ha movido en dos campos estratégicos. Uno, la gestión eficaz de la aventura de un gobierno de coalición sin mayoría absoluta. Dos, la proyección internacional del Estado y la propia. Sin embargo, los buenos resultados no han servido para neutralizar los golpes de los arietes de destrucción del líder por parte de las fuerzas de la derecha. ¿Alternativa? Bajar al ruedo de la comunicación directa, que tan bien domina al margen de los medios tradicionales, y adentrarse en los ámbitos de los nuevos electores. Así, desde enero aparece asiduamente en las redes haciendo deporte para ejemplarizar, recomendando libros, música, conciertos, museos, patrimonio… y alzando la bandera internacional contra Trump y sus guerras. En poco tiempo se ha impuesto en los cauces de los influencers más vistos mostrando un dinamismo distinto al que se espera de un sesudo presidente del Gobierno anclado en los despachos del poder. ¿Estamos ante el anuncio de elecciones generales? La campaña socialista está en marcha.
Lauro Olmo y su camiseta resistieron más de tres años contra la dictadura de Franco. Ese tiempo, traducido a la democracia actual, representaría unos treinta años de aguante. Si la camiseta de Sánchez cumple el mismo objetivo del dramaturgo, hay gobierno de izquierdas para rato. @mundiario