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Mundiario 10 Apr, 2026 20:23

Democracia: delegados de delegados

Se quiera reconocer o no, la democracia tiene una función preferentemente social; es la base del edificio. La frase de Joaquín Costa, “Escuela y despensa”, lo resume bien. ¿Qué puede interesar más al ciudadano que la alimentación, la salud (a tiempo), un techo, la educación, sobre todo la de los hijos, el empleo, protección frente al desempleo, una jubilación suficiente, unos precios proporcionales a los salarios? Todo esto no se puede atender sin un planteamiento de equidad. Ignorarlo

Hablamos de la igualdad material recogida en el artículo 9.2 de nuestra Constitución, no de la filosofal o de la formal de los artículos 11 y 14 respectivamente. ¿Demagogia?: a pesar de las proclamas es indiscutible que mientras una minoría exigua lo tiene todo (incluido el destino ajeno, tanto de personas como de naciones), el resto comprueba cómo lo conseguido insuficiente y esforzadamente merma día a día, desmontado precisamente por los que tienen de más. Como decía un delincuente italiano entrevistado por Oriana Fallaci, lo que no está en tu bolsillo está en el de otro. No hay escasez, hay mala distribución.

La mención al pueblo (demos) no es una capricho léxico, sino la indicación de quién es el sujeto principal. Para mantener las diferencias entre unos pocos privilegiados y una gran masa que vive sin lo esencial no sería necesario tal dispendio. Otra paradoja: ¿la democracia es cara para empobrecer a un número progresivo de ciudadanos? Un contrasentido. Lo de todo para el pueblo sin el pueblo representó un absoluto y absolutista fracaso. Esperemos que no se quiera reincidir, aunque hoy el Leviatán sería un feudalismo corporativo que no quiere al Estado, salvo para beneficiarse de él. Masas: cuando Nietzsche (tan alabado) dice que la moral es una lucha entre la mediocridad colectiva y la excelencia individual hay que objetar que se puede ser un superhombre dando ejemplo de austeridad y de oposición al avasallamiento (quien avasalla no es superior en nada). Los escritos de Nietzsche fueron muy apreciados por el colonialismo de la época. Aparte de que esa supuesta mediocridad no ha de restar derechos a nadie, sobre todo cuando son los que dan forma material a nuestro mundo y realizan las principales aportaciones a Hacienda. Estos pequeños detalles no suelen figurar en las profundidades filosófícas.

Otro peligro es el de utilizarla (a la democracia) como elemento de diversión, vaciando de contenido las instituciones que han de materializar el bienestar y la justicia social. La valoración de una democracia ha de depender de la amplitud de sus beneficiados. Cicerón decía que los votos se deberían pesar y no contar. Otra reflexión que antepone el nivel espiritual al esfuerzo desfallecedor. Ya el voto censitario lo consiguió mediante la cualificación por la propiedad (el protestantismo tuvo mucho que ver en esta mentalidad selectiva). ¿Se está en ello?

Deberíamos repensar todo el circuito democrático y no quedarnos en el tramo inicial de las elecciones. La savia que debe fluir por todo el cuerpo ha de ser la del bien común, no la del lucro desmedido. ¿Hemos vuelto a Guizot?: ¡Enriqueceos! ¿A Solchaga, cuando enfatizaba que "España es el país donde se puede ganar más dinero a corto plazo de toda Europa y quizás del mundo"?

Es necesario que el circuito formado por elector, delegado del elector (parlamentario) y delegado del delegado del elector (gobernante), recupere su función de servicio público. No se puede aceptar una desviación en la cual “los representantes políticos sólo busquen su propio beneficio o el de su grupo”. Lo de “su grupo” es esencial: el problema más grave hoy son esos poderes que al margen de los Estados marcan el rumbo a seguir. Que los sistemas se pongan a su servicio es peor.

Tampoco percibimos la actividad de otro círculo fundamental conformado por las organizaciones políticas (que deberían recoger y ordenar las necesidades del ciudadano y vigilar que se atienden); los medios de comunicación, de edición (enfocada en su mayoría hacia lo comercial y no en promocionar un cuerpo de pensamiento útil al país); la academia, el magisterio, el arte, que parece consideran a la democracia ya perfeccionada.

A estas democracias se las denomina parlamentarias; es decir, se considera que su eje articulador son los parlamentos, los elegidos. Sin embargo, a pesar de los artículos 1,2 y 1,3 de la Constitución, desde el principio no ha sido así. No cabe duda de que los diputados trabajan en las comisiones, pero el mecanismo es de arriba abajo. Además, ¿por qué un parlamento con una mayoría de miembros mudos? ¿Por qué no permitir la intervención desde el escaño a todos lo que lo deseen? Recortar la voz del electo es recortar la de su elector. ¿No ayudaría a seleccionar mejor a los candidatos? Ese podio casi inaccesible para la mayoría debería ser uno de los altavoces de la democracia. Incluso un medio para que la nación seleccionara mejor a sus futuros dirigentes.

Por otra parte, no hay que caer en democratismos falsos. Basta con los Lerroux habidos. Su labor no es la de ser meros trasladadores de los deseos del ciudadano. También son depuradores de lo que este pueda proponer. No siempre lo que se desea y lo que se puede o necesita coinciden totalmente. He ahí otra de las funciones imprescindibles de los organismos no institucionales: vigilar las peticiones que se plantean y cómo las resuelven los gobiernos. Una democracia no puede ser un calco mecánico, sino búsqueda del equilibrio entre lo que el ciudadano desea y lo que se puede; pero aclarándolo siempre con la máxima publicidad y nunca prescindiendo de la voluntad. Ese es precisamente el truco: el de no se puede hacer otra cosa. Una cosa es no poder y otra no querer porque el compromiso es con otros que, en vez de votar, dictan.

El parlamento no se legitima simplemente por el voto recibido (elegido igual a legitimado), sino por el uso que haga de esa cesión, de esa delegación. Si ha de variar lo mandatado lo debe realizar con reparo y explicándolo con amplitud. Si esta labor no se realiza, ¿por qué el ciudadano ha de aparecer como responsable de algo que no voto? Por ejemplo: ¿han recibido nuestros electos de primer y segundo grado algún tipo de mandato bélico?; ¿de renuncia a sus riquezas públicas? Un día habría que recordar a Guillermo Grael. Sin esta concatenación de delegaciones no se realiza el sistema democrático; sólo se aparenta.

Elemento muy importante es el del control sobre esos delegados. Ni ayer ni hoy tal control existe durante el tramo postelectoral. Los gobiernos pueden dar y quitar sin que la oposición ni nadie se oponga (valga la redundancia). Se confía en el trato recíproco.  Ni siquiera en un sistema presidencialista cabe tan desconexión.

Todo esto suena a ladrillo teórico (si es que llegamos a ese nivel). ¿Es así? Tomemos el ejemplo de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Con ella se prioriza el pago de la deuda sobre el gasto social. Fue aprobada por los grupos mayoritarios ¿Hubo explicaciones convincentes? No, fue una imposición de Bruselas (dócilmente aceptada) que se realizó mediante el procedimiento de urgencia y sin pasar por la fase de estudio en la comisión correspondiente. Esa reforma no es sólo un retroceso social, sino la eliminación de la potestad estatal sobre las decisiones económicas, en beneficio de la UE, o mejor, de la Comisión Europea. 

Tampoco hay que olvidar el vaciamiento en un 90 por ciento de la hucha de las pensiones (Fondo de Reserva de la Seguridad Social), es decir, unos 65 mil millones. O el llamado rescate bancario que supuso unos 72.000 millones de euros, de los cuales se consideran perdidos, --¿por qué?--, unos 60.000. ¿No había fuentes más abundantes? Explicaciones tecnocráticas sobran para todo. El ciudadano es un invitado de piedra, sólo su bolsillo goza de virtualidad. Dormido todo el año, lo despiertan el día electoral. ¿Es inocente este ciudadano? Nunca ha sido tan cierta la afirmación de que la ignorancia no es una excusa, sino una responsabilidad. Nunca hubo tantos medios para informarse.

A lo largo de la historia de las democracias la inclusión de los excluidos ha ido ensanchándose con variaciones de ritmo e incluso de dirección. Actualmente estamos en un cambio de dirección. El círculo formado por mandantes y mandatarios se ha roto. Hoy hemos de sufrir la falta de planificación en el rumbo del estado; privatizaciones innecesarias: ¿por qué no hay bancos públicos; nosotros, que siempre estamos mirando a Europa como justificación, por qué no imitamos a Alemania, Francia, Holanda, Suiza, países escandinavos, donde hay una importante banca pública?; ¿por qué se renuncia a los milmillonarios beneficios de entidades que fueron privatizadas con falsas explicaciones?; ¿por qué concertaciones injustificadas, como la educativa? Desde 2019 se han suprimido en Andalucía 2.758 aulas públicas;  se subvencionan colegios que llegan a cobrar ¡1.000 € mensuales! (principalmente en Madrid, Cataluña y el País Vasco); ¿por qué la escasez de viviendas sociales, con un 3´5 por ciento (no hace mucho 2,7), frente a Holanda que supera el 33 por ciento?; reformas constitucionales que desapoderan nuestra soberanía; utilización sin acuerdo de fondos acumulados con esfuerzo por los trabajadores; traspaso de fondos públicos a lo privado ; reducción del estado del bienestar sin que se reconozca (según sus gestores, la sanidad, por ejemplo, no ha cambiado ni un ápice); ayudas bélicas al extranjero mientras se niegan ayudas a programas nacionales de investigación sobre el cáncer… ¿todo esto no representa un agudo déficit democrático?   

Y no son sólo están los efectos materiales, sino la involución que representa en el mundo de las ideas. La política ha perdió su carácter activador sobre el resto del pensamiento. Se sostiene interesadamente que lo público es un fracaso total. En esta crisis mundial se está demostrando que es incierto. Nos decían que la UE obligaba. Poco a poco descubrimos que no es cierto; que España, en muchos aspectos, ha sido más papista que el papa

Hoy estamos en la reducción drástica del Estado, en que el bienestar es insostenible, en que derechas e izquierdas no tienen sentido en cuanto la solución es única. Sólo existían los PIB como índice de poder; hasta que descubrimos la importancia de la energía, de las materias primas, de industria, investigación, capital humano, rutas, población, extensión geográfica, agricultura, sentido de la soberanía, alianzas múltiples, y si es necesario, contradictorias (como hacen todos), etc. Nuestro única reina, la financiarización, una quimera que en un momento dado puede echar fuego por las fauces y quemar tanto papel artificioso. Vamos camino de que, a semejanza del rey Midas, todo lo que toquemos se convierta en gráficos de líneas y barras, sin despensa ni fertilizantes. @mundiario

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