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AM 10 Apr, 2026 23:30

De Grecia a León: la historia de la dulcería Olympia y su legado

Dulcería Olympia Historia 154

Esta es la historia 154 de 450 que te contaremos sobre León

Fundada por el hijo de un inmigrante griego que llegó a México después de la Primera Guerra Mundial, la dulcería Olympia permanece abierta desde hace 69 años en el Portal Guerrero de León.

Nicolás Markakis, de 89 años, de pie detrás del mostrador, recuerda la travesía de su padre Teodoro Markakis Dropulos: de Kalamata a Veracruz y de ahí a Morelia, donde vendía dulces en las calles para sobrevivir. Tenía menos de 30 años y no hablaba español. “Aprendió por necesidad”. 

Había inmigrantes griegos en otras ciudades de Michoacán, como Pátzcuaro, y en Torreón, en busca de oportunidades. “Así como ahora muchos quieren ir a Estados Unidos, había europeos que querían venir a México”, dijo.

En Morelia, Teodoro se casó con María Martínez y tuvo cinco hijos, a quienes dio nombres griegos: Kaliope, Nicolás, Sócrates, Aristóteles y Teodoro. “Nunca olvidó su tierra”.

Años después regresó, pero ya no encontró a su familia. “Ya no había nadie”, cuenta Nicolás.

Cuando naces en un lado y haces tu vida en otro… te vuelves extraño en tu propia tierra”, dice.

Levanta la cortina

Nicolás tenía 20 años cuando reprobó el primer año de medicina en Morelia. Entonces decidió dedicarse a otra actividad.

Conocía León por referencias de vendedores que llevaban calzado a distintas partes de Michoacán. Decidió abrir una dulcería en esta ciudad con el apoyo de su papá, quien siempre vendió en las calles. “Trabajaba mucho, vendía mucho, el dinero valía”.

Antes de iniciar el negocio, Teodoro eligió el nombre Olympia, que significa olimpiadas en griego.

Nicolás recuerda con precisión la fecha en que levantó la cortina: 18 de abril de 1957. Tuvo suerte al encontrar un local en pleno centro de la ciudad.  “Vi el letrero: Se renta… y lo tomé”. 

Olympia abrió sus puertas el 18 de abril de 1957. Foto: Mónica Ávila

Abrió con dulces de Guadalajara, similares a los que vendía su padre: bolitas de piloncillo, botellitas de jerez y dulce, pinole, chocolates, entre otros.

Poco después identificó que el producto con mayor demanda era el tamarindo en distintas presentaciones. “Lo ofrecimos y sigue siendo el más vendido”. 

“Empecé solo”, dice. Dormía en una casa de asistencia a unos pasos de Olympia y comía en el Turín, cercano al local. Trabajaba todos los días, de 9:00 de la mañana a 9:00 de la noche.

Un año después se casó con Guadalupe Rodríguez en Morelia. Ya juntos, rentaron un departamento cerca del Santuario de Guadalupe, “la renta era de 300 pesos. Trabajaba siempre”.

A sus cinco hijos, Nilolás y Guadalupe también les dieron nombres griegos: Penélope, Selene, Sócrates, Ulises y Nicolás. 

En León conoció a otra familia de Grecia: la de Nicolás Tomasis, quien tenía una tienda de ropa.

Los portales

Cuando Olympia abrió, con sus letras rojas, el centro de León era otro.

Frente a los portales se estacionaban autobuses y líneas de transporte. “Yo caminaba hasta el Monumento a la Madre… y hasta donde ahora está El Rincón Gaucho, que era la salida”, recuerda.

Cuando salía a medianoche de la tienda, caminaba a su casa, “había seguridad”. 

Con los años llegaron los cambios: incendios en el Portal Bravo, en la calle Madero y en la Plaza Fundadores, nuevas construcciones y la zona peatonal.

“Todo cambio es difícil”, dice. “Baja la clientela mientras la gente se acostumbra”.

Olympia se mantiene con clientes frecuentes, turistas y familias, “a todos les damos el mismo trato amable”. Han pasado por ahí políticos, empresarios, comerciantes, empleados y muchos jóvenes y niños.

“Más leonés que los leoneses”

Aunque nació en Morelia, Nicolás piensa en Grecia. Ha viajado a ese país sin conocer el idioma. Su padre intentó enseñarle, pero no le interesó. 

Cuando buscó acercarse a sus raíces,  “me sentí extraño… cuando naces en un lado y mueres en otro, eres un extraño en tu tierra”. 

Por León, siente agradecimiento, “es una satisfacción… un triunfo, soy el comerciante más antiguo del portal y aquí sigo”.

Con orgullo afirma: “Soy más leonés que los leoneses”.

Nano’s, el distribuidor de diarios, revistas y libros, de don Leandro Moreno, cerró hace unos diez años. Las cebadinas del matrimonio Carpio permanecen abiertas, aunque sus fundadores  fallecieron. 

Hoy, sus hijos Ulises y Nicolás están al frente del negocio, mientras él continúa detrás del mostrador. 

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