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El Diario 12 Apr, 2026 07:56

‘En la Luna, conflictos geopolíticos para 2030’

Chihuahua— Para el científico Gerardo Herrera Corral –mexicano nacido en Delicias, Chihuahua, con tres décadas de trabajo en el Gran Colisionador de Hadrones– el proyecto Artemis, cuya segunda misión acaba de regresar de la primera órbita completa a la Luna, marca una nueva etapa de la humanidad, orientada a colonizar el satélite natural de la Tierra.
Ello, dice Herrera Corral, también representa un nuevo capítulo donde la exploración espacial vuelve a estar atravesada por intereses estratégicos, tecnológicos y, sobre todo, geopolíticos.
El doctor en Física por la Universidad de Dortmund considera que los conflictos políticos del mundo en el futuro inmediato, ya en 2030, serán en la Luna, por esta nueva y emocionante carrera espacial que no tiene como fin solamente establecerse ahí, sino ir más allá, a Marte, a Venus, al espacio profundo.

El científico, clave de la participación mexicana en el estudio de las condiciones del universo en sus primeros instantes tras el Big Bang, habla en entrevista exclusiva con El Diario sobre las realidades, los mitos, los retos nacionales y globales de la conquista del espacio.
Observa, por ejemplo, que el programa Apolo –de las décadas de los 60 y 70– fue hijo directo de la Guerra Fría, mientras que el nuevo impulso lunar ocurre en un escenario distinto, pero no menos tenso: el ascenso de China como potencia científica y espacial, la participación abierta de actores privados y la disputa por recursos que, hasta hace poco, parecían materia exclusiva de la ciencia ficción.
En ese contexto, señala, la ciencia sigue ahí, como motor, como justificación y como promesa, pero no necesariamente como protagonista central, pues juegan papeles muy importantes la tecnología, la geopolítica y la disputa por el poder global.

—El Diario: Le planteamos la entrevista a raíz del amerizaje de la misión Artemis II, del regreso de la humanidad a la Luna. En ese contexto, ¿qué representa científicamente la misión Artemis II en comparación con lo que significó el programa Apolo de hace ya más de medio siglo?
“Bueno, por supuesto que son misiones espectaculares y que tienen una carga científica importante, pero sí creo que hay que tener en cuenta que tanto el programa Apolo –que llegó hasta el Apolo 17, el Apolo 18 ya no fue lanzado– y el de Artemis son poco distintos. El primero tenía una motivación militar, eso también hay que subrayar ahora que todos estamos celebrando. La misión Apolo surgió como una respuesta al programa espacial de la Unión Soviética en aquel entonces, que tenía ya un satélite Sputnik dándole vueltas a la Tierra, que había puesto ya un hombre en el espacio y que representó en algún momento una amenaza para la seguridad de los norteamericanos. Fue una motivación militar, pero eso no quiere decir que no tuviese consecuencias científicas importantes, las tuvo.
Actualmente también es fuertemente motivado por cuestiones de desarrollo tecnológico, desde luego, pero fuertemente por cuestiones también de origen militar, es el dominio y la colonización de la Luna, son unas motivaciones muy importantes ahora ya no frente a la Unión Soviética, pero sí creo ante el avance impresionante de los chinos, que tienen un programa para llevar al hombre a la Luna en 2028. Pienso que es la motivación principal y ahora creo que también hay motivaciones más que científicas, de tipo tecnológico y de dominio”.

—Precisamente, ¿sí estamos ante un salto real en conocimiento o más bien ante una demostración tecnológica y política y militar?
“Creo que es importante, como siempre, decirle a la gente que la ciencia y la tecnología están íntimamente ligadas, pero que se distinguen. La ciencia es la búsqueda del conocimiento, punto; la tecnología es el uso del conocimiento y en la aplicación del conocimiento con motivaciones de seguridad o de salud o de bienestar.
En el caso de la misión Artemis, por supuesto que tiene motivaciones fuertemente direccionadas al desarrollo tecnológico y al control a futuro de rutas en la Luna, que pues próximamente pueden estar en manos de los chinos”.

—Doctor, ¿qué tipo de ciencia así en concreto cree que puede generar el regreso de los humanos a la Luna en esta etapa?
“Creo que la parte más científica es que colonizar, es decir, establecer una estación fija con presencia constante humana en la Luna, sí implica por supuesto algunos posibles desarrollos científicos. Es decir, se tiene una capacidad de observación del universo mucho mejor, por ejemplo, con mucha mayor nitidez y con mayor potencial científico; tecnológicamente, desde luego que hay el objetivo de extraer hidrógeno para generar energía en la Luna a partir de yacimientos de agua que se encuentran en el polo sur y controlar esas áreas y desarrollar tecnología que nos permita luego escalar el programa espacial, etcétera.
Desde luego que están esos otros que ya son más tecnológicos, yo creo que desde el punto de vista científico es conocer mejor nuestro satélite, tener un mejor punto de observación al espacio y conocer también la parte de la medicina, lo que va a ocurrir con el organismo del personal que de manera fija estará allá, es decir, qué va a ocurrir con el cuerpo, también es un desarrollo científico ver cómo reaccionamos ante la soledad, ante el vacío, ante una fuerza gravitacional seis veces menor que la fuerza gravitacional que tenemos en la Tierra, ante las diferencias de luminosidad del Sol, todo eso implicará también desarrollo científico, conocimiento de nuestro cuerpo, etcétera”.

—Como científico y siendo muy realista, ¿podríamos considerar a la Luna un destino final o es apenas el punto intermedio hacia Marte y al espacio profundo?
“No, no, desde luego que estamos destinados como especie a conquistar otros planetas. No se puede detener la curiosidad, ni el impulso, ni la vocación humana por los viajes, eso es parte de nuestra naturaleza, de tal suerte que desde luego que no es el punto final, será un punto intermedio y es una de las consideraciones. Si se puede generar energía a partir de hidrógeno, separando el hidrógeno del oxígeno de los yacimientos que se tienen, creo que eso significaría un gran potencial de sobrevivencia allá, pero también la posibilidad de tener una fuente de energía en la Luna con miras a viajes más allá, a Marte, que es por supuesto el siguiente objetivo, donde hay también una carrera importante que ha ido avanzando de exploración, y Venus, con el que se ha también, en fechas más recientes, reanudado la investigación”.

—¿Cree que hay riesgos científicos o técnicos que estén subestimando en estas misiones?
“Siempre se comenta alrededor de este aspecto, que a mí me parece natural, pero también nunca debemos olvidar que cualquier proyecto, cualquier empresa, tiene siempre riesgos, los ha tenido siempre. Hubo riesgos cuando Magallanes decidió darle la vuelta al mundo, y tan fue real el riesgo que Magallanes pereció a la mitad del trayecto; Magallanes nunca completó la vuelta al mundo, fue Elcano el que retomó la misión.
Viajar a mundos desconocidos siempre lleva riesgos, y el desarrollo de tecnología siempre lleva riesgos, sean estos espaciales o terrenales. Yo trabajo en el Gran Colisionador de Hadrones, y sabemos que en 2008, cuando arrancaba el proyecto, tuvimos una explosión en el túnel que nos demoró un año, eso es así, es parte, es una condición de ser de la tecnología”.

—Si entráramos un poco a un estudio geopolítico del espacio, por llamarlo así, vemos a la NASA, a la Administración Nacional del Espacio de China, a Roscosmos, compitiendo por esa presencia en la Luna. ¿Cree que sí estamos entonces frente a una nueva carrera espacial como la de hace décadas?
“Sí, sí, sí, desde luego, y eso a mí me parece muy emocionante. Somos una generación privilegiada, porque nosotros, la generación mía, nos tocó ver dos veces una carrera espacial, y será muy interesante que a partir del 2030, sino un poquito antes, la conversación será de conflictos políticos en la Luna. Creo que se avecina una discusión y conflictos políticos por el dominio de ciertas áreas en la Luna, creo que es lo que viene, y viene pronto.
Lo podemos ver negativamente, pero yo creo que otra vez es parte natural de las cosas, será importante ver cómo se manejan esos conflictos, y eso ya tiene un carácter como más de ciencia ficción, que nunca nos hubiéramos imaginado, que los conflictos entre las naciones sean por el control de ciertas áreas y ciertos recursos en la Luna. Creo que es lo que viene”.

—Bueno, pero ¿qué tanto pesa ahora la ciencia y qué tanto pesa la geopolítica en esos proyectos espaciales de las naciones?
“El desarrollo científico y tecnológico ha pesado siempre desde la Segunda Guerra Mundial. En eso, ocurrió algo que es muy interesante, que podemos ver todavía y que veremos en lo que viene, por primera vez en la historia de la humanidad, el desarrollo científico mostró tener un impacto enorme, gigantesco en la resolución de los conflictos, con el desarrollo de la bomba atómica. En ese momento -sin ponerle valores morales, si es bueno o malo, no entremos en esa discusión, que es distinta- sea bueno o malo, el desarrollo de un dispositivo como la bomba atómica por físicos, en un laboratorio, mostró que la ciencia tenía y tendría una presencia importante en la historia de la humanidad.
Desde entonces está ocurriendo, los científicos tienen algo que decir en los laboratorios y no solamente de física, también de biología, de química, eso ocurrió en 1945, y creo que ya no va a terminar, creo que el conocimiento es una parte fundamental del desarrollo geopolítico, eso me parece a mí muy claro, entonces lo estamos viendo de nuevo y lo seguiremos viendo, porque el conocimiento es la parte fundamental del desarrollo de la humanidad”.

Continuará mañana con: La cooperación internacional en la carrera espacial y el papel de México en ese contexto.

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