
El despliegue de elementos militares en las calles de Culiacán, aunque aporta tranquilidad visual, resulta insuficiente para frenar la incidencia de robo de vehículos debido a sus limitaciones legales para actuar como policía, advirtió la Confederación Patronal de la República Mexicana.
La presidenta de Coparmex Sinaloa, Martha Elena Reyes Zazueta, señaló que existe una ilusión de seguridad, ya que los soldados no cuentan con la formación jurídica necesaria para dar seguimiento a delitos como el robo de autos, función que corresponde a las policías estatal y municipal, corporaciones que actualmente se encuentran diezmadas.
“Si eres víctima de robo de carro, vas con los soldados y no te pueden ayudar. Su formación jurídica no está para atender como lo hacen los estatales o los municipales”, explicó Martha Reyes.
También subrayó que, mientras los delincuentes no perciban una figura de justicia que los procese, la situación respecto a la inseguridad se agrava ante la crisis que atraviesan los cuerpos de seguridad local.
“Como no tenemos estatales ni municipales, porque los están matando, están renunciando o están escondidos los pobres, entonces, ¿qué nos queda?”, compartió.
Ante este panorama, Martha Reyes hizo un llamado urgente a la reconstrucción de los cuerpos policiacos para que puedan atender de manera efectiva estos delitos de alto impacto.
La representante compartió que el robo de vehículos no es solo una pérdida material, sino un evento que genera un impacto psicológico expansivo, ya que, a diferencia de un robo a comercio, el despojo de un vehículo ocurre en la vida cotidiana con acciones como ir a la escuela o tras un festejo, lo que genera un miedo que se extiende a todo el núcleo familiar y social de la víctima.
“Cuando te roban un carro todos se enteraron y todos están viviendo el mismo miedo de lo que tú viviste porque alguien fue cercano”, afirmó.
La presidenta también criticó la ineficacia de las herramientas de vigilancia, señalando que las cámaras del C4 no han funcionado adecuadamente para dar seguimiento a los delincuentes, quienes logran mimetizarse fácilmente en el tráfico diario.
Este clima de inseguridad ya tiene repercusiones económicas tangibles como el hecho de que la sensación de inseguridad ahuyenta a inversionistas y visitantes, además del incremento en los robos que provoca un alza en las primas de las aseguradoras, costo que termina siendo absorbido por el ciudadano.
Finalmente, advirtió que la inseguridad se está normalizando en la dinámica social, donde la gente sale no porque se sienta segura, sino por costumbre, mientras los delitos ocurren a plena luz del día sin que las autoridades logren dar una respuesta contundente.