En las últimas semanas, he escuchado la misma queja en tres reuniones distintas: "No encontramos talento." Empresas con presupuestos millonarios para reclutamiento, headhunters en retainer permanente, ofertas salariales competitivas. Y aun así, las vacantes críticas siguen abiertas por meses.
La guerra por el talento es real, no lo niego. Con el nearshoring, la inversión extranjera directa creció casi 11% en 2025 y alcanzó 40,871 millones de dólares ( El Economista, febrero 2026 ). La competencia por perfiles técnicos y especializados se intensificó genuinamente. Pero esa realidad externa no justifica la fuga de talento que veo todos los días. Mientras las empresas culpan al mercado, están perdiendo al que ya tienen por errores que repiten sistémicamente. ¿Cuánto del "talento que no encuentras" es en realidad talento que perdiste el año pasado? O peor aún, talento que pudiste haber formado internamente y nunca invertiste en su desarrollo. Ese mismo talento que seis meses después ves brillando en la competencia porque allá sí le dieron las oportunidades que no consideraste ofrecerle. Déjame ser específico sobre cuándo se pierde. Se pierde en la primera semana, cuando el "ambiente colaborativo" prometido significa juntas de cuatro horas sin agenda. Se pierde a los tres meses, cuando no existe plan de carrera visible y el jefe ni siquiera sabe qué habilidades fortalecer. Se pierde al año, cuando el salario "competitivo" nunca se ajustó. Sobre todo, se pierde en los pequeños momentos que las empresas no miden. Cuando el CEO publica sobre "cultura de innovación" mientras su equipo procesa requisiciones obsoletas. Cuando se celebra el Día de la Mujer con un desayuno institucional, pero las últimas tres promociones fueron para hombres. Cuando la empresa presume la certificación Great Place to Work, pero la rotación supera el 40% anual. No puedes tener pizza parties los viernes y gente hablando de burnout en redes sociales al mismo tiempo. Todo tiene que ser congruente. Y cuando no lo es, el talento deja de comprometerse y acepta la siguiente oferta. Las empresas mexicanas invierten millones en atraer clientes. Estudian el customer journey obsesivamente y miden su satisfacción con precisión quirúrgica. Sin embargo, cuando se trata de talento recurren a narrativas genéricas de hace una década. Publicaciones de empleo que podrían ser de cualquier empresa.
¿Qué hacer diferente?Cada salida cuesta seis meses de productividad, sumando la búsqueda, el onboarding y la curva de aprendizaje. Eso sin contar el conocimiento institucional que se va. El costo real no está en las vacantes abiertas. Está en quienes se fueron y ya no recomiendan tu empresa. En equipos operando al 60% mientras buscan el reemplazo del reemplazo. En la reputación que se construye en LinkedIn y Glassdoor, donde las próximas generaciones deciden si vale la pena aplicar contigo. He visto empresas gastando más en headhunters tradicionales en un trimestre que en desarrollar liderazgo en un año. Renovando oficinas, pero sin actualizar prácticas de gestión obsoletas. La ironía es brutal. Las mismas empresas que se quejan de escasez pierden a su mejor gente por razones bajo su control. La gente no se va solo por dinero. Se va porque el líder no genera confianza. Porque las promesas del reclutador no coinciden con la realidad. Porque después de dos años entregando resultados, esperan una conversación sobre desarrollo que nunca llega. Sí, la guerra por el talento existe. Muchas empresas la pelean con un ejército que se deserta voluntariamente por cómo las tratan. Puedes tener el mejor plan de reclutamiento, pero si tu plan de retención es esperar que la gente se quede por inercia, vas a perder. Primero, reconocer que el problema tiene dos frentes. Atraer talento hoy es más difícil. Retenerlo no debería serlo si cumples lo prometido. Si tu rotación es alta, antes de contratar más headhunters, invierte en entender por qué se va tu gente.
Segundo, tratar el employer brand con la misma sofisticación que tu marca comercial. Investigación real de audiencias, contenido auténtico de empleados sin filtros institucionales, transparencia sobre retos. Tercero, entender que el líder setea el tono siempre. Si tu liderazgo minimiza el burnout como "queja generacional", trata el desarrollo como conversación de fin de año, o ve la flexibilidad como privilegio, esa es tu cultura real. La gente renuncia a jefes, no a empresas. México tiene el talento. Profesionales brillantes, bilingües, con hambre de crecer. El nearshoring trae oportunidades históricas. Las empresas que ganarán no son las que atraigan más talento con ofertas agresivas. Son las que sepan quedarse con el que tienen, desarrollarlo y convertirlo en embajadores reales de su cultura. La guerra por el talento se pelea en dos frentes. Una afuera, contra el mercado. Otra adentro, contra tu capacidad de perder gente excelente por errores evitables. Y hoy, muchas empresas están perdiendo ambas. ____ Nota del editor: Kristien Turner es un ejecutivo británico con dos décadas de experiencia en estrategia de talento y employer brand. Durante su carrera construyó equipos en siete países y reclutó a más de 17,000 profesionales. Es fundador y CEO de TK Talent. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión