
Una investigación periodística advierte que empresas tecnológicas, universidades y gobiernos occidentales han contribuido —de forma directa e indirecta— al desarrollo del poder militar de China, incluso cuando existen restricciones legales para evitarlo.
El análisis, publicado por Geoffrey Cain en The Spectator World, expone cómo la transferencia de tecnología avanzada, particularmente en inteligencia artificial, ha continuado mediante vacíos legales, redes de intermediarios y decisiones empresariales motivadas por intereses económicos.