
Desde que, hace más de ocho décadas, se extinguió el humo que dejó en el ambiente la pólvora quemada durante la Segunda Guerra Mundial, la humanidad entera decidió asumir una lección puntual de lo ocurrido en los seis años previos: hay sucesos que no deben volver a ocurrir y, para lograrlo, es indispensable mantenerlos en la memoria.
No se trata de mantener en la memoria lo ocurrido porque se trate de un hecho virtuoso, digno de ser recordado como un episodio del cual debiéramos enorgullecernos. No se trata de celebrar, sino de recordar para tener claro que los seres humanos somos capaces de producir actos vergonzantes.
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Se trata, sobre todo, de tener claro que el exceso en el cual se incurrió no puede repetirse bajo ninguna circunstancia y, para ello, mantenerlo vivo en la memoria es una de las más útiles herramientas.
Señalar lo anterior viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al hecho de que esta semana se cumplen 15 años de la masacre de Allende, uno de los episodios más oscuros de la historia de Coahuila, durante el cual se registró el asesinato masivo de personas en circunstancias que todos debemos reprobar.
Los hechos formaron parte del episodio más oscuro que los mexicanos hemos vivido en materia de inseguridad. Se registraron durante el largo episodio durante el cual parecía que los delincuentes se impondrían, por encima de las fuerzas del Estado, y que terminarían imponiéndonos sus condiciones.
En este caso, además, no se trata solamente de evitar que un episodio como éste vuelva a ocurrir, sino de recordar para que las autoridades cumplan con su cometido, porque en torno a los hechos existe un conjunto amplio de familias que siguen esperando justicia.
Y es que una de las condiciones esenciales para que la justicia llegue es que podamos conocer la verdad en primer lugar. Hasta ahora, aunque ya han transcurrido tres lustros desde que ocurrieron los hechos, no se ha logrado establecer a ciencia cierta lo que sucedió.
La peor noticia en torno a este episodio es que el hecho de no haberse establecido aún la verdad es que ello es responsabilidad de las autoridades mexicanas, que han faltado a su deber de investigar con seriedad y profesionalismo lo ocurrido.
Incluso, como lo reseñamos hace algunos días, es probable que sea en una corte de los Estados Unidos donde se pueda establecer con mayor claridad qué ocurrió, pues los fiscales del vecino país han decidido incluir la masacre de Allende en parte de los elementos con los cuales juzgarán a los hermanos Treviño, dos de los cabecillas de la banda criminal Los Zetas, a quienes se atribuye la responsabilidad del referido episodio.
De este lado de la frontera, donde tendrían que juzgarse los hechos en primer lugar, lo que nos toca a nosotros es no olvidar y, a través de la memoria, demandar de forma permanente y sin concesiones que la verdad se conozca y, con el uso de tales elementos, los hechos se juzguen para hacer justicia.