Buenos resultaron estas damas y caballeros de la cuatrotería para tirar el peñasco y esconder la retroexcavadora.
Tomen el opus de hoy, estimados amigos, no como crítica al régimen per se, sino como observación mordaz que merece uno o dos capítulos en el famoso libro de las consecuencias no intencionales, “Freakonomics”, respecto a las decisiones gubernamentales que jamás contemplan los daños colaterales y que nos las recetan con embudo como soluciones, siendo realmente nuevos problemas.
Antier nos dio risa fuerte cuando la Señora Presidenta se presentó a su bananera -perdón, mañanera- acompañada del titular de la Profeco, Iván Escalante, echándole a la empresa aérea Magnicharters por haberse visto forzada a cancelar vuelos debido al agotamiento del flujo.
Aparte de adeudos financieros, la empresa tiene meses de no pagar a sus pilotos, y no es porque no quiera, sino porque no puede.
¿Y por qué no puede? ¡Por culpa de la competencia desleal de la empresa aérea gubernamental “AirSedena” (también conocida como Mexicana), la cual con el dinero de los ciudadanos compite contra quienes arriesgan su capital!
Magnicharters está quebrada y probablemente no pueda reanudar operaciones, ni en dos semanas ni en dos siglos, ello porque la incursión del Gobierno en la prestación de servicios aéreos con dinero de los causantes cautivos va en contra de los intereses de quienes los pagan, compitiéndoles con las ventajas de contar con el respaldo del erario.
Resulta, pues, absurdo que, tras de romperle el Gobierno cuatrotero la madre a Magnicharters operando un competidor gubernamental contra las empresas privadas, pretenda ahora echarles encima los perros oficiales de la Profeco por cometer el pecado de sucumbir económicamente frente a una empresa de ellos mismos, financiada con el dinero de todos.
Sin mencionar el considerable disgusto de la Presidenta, quien los fustigó por la forma en que dejaron de operar, sin cuestionar cuál fue la causa de la caída de una empresa más, prestadora de servicios aéreos.
¿O es que ya se nos olvidó Interjet, la original Mexicana, Allegro, Aeromar y muchas víctimas de un negocio complicado que en México se torna aún más por la intervención/inserción del Gobierno en sus sistemas operativos?
Crea, por ejemplo, monopolios privados que controlan los aeropuertos, que fijan precios y hacen lo que quieren, resultando en negocios fabulosamente rentables, a costa del pasajero y los usuarios.
Ello, más el control gubernamental de los prestadores de servicios a la aviación, la intromisión cuatrotera en la asignación de slots, el traslado forzado al AIFA, la reducción de frecuencia de vuelos en el AICM y el cobro de la TUA por el privilegio de usar un aeropuerto destartalado, caro e ineficiente.
¡Y luego se sorprenden porque otra aerolínea muerde el polvo, incapaz de seguir aplacando los cobros leoninos de un Gobierno que por todos lados -formales e informales- cobra su tajada de león!
Si alguien tiene la culpa de que Magnicharters no vuele, es la doctora (en temas de medio ambiente y energías renovables) Claudia Sheinbaum Pardo, a quien ahora le ha dado por regañar con el dedito (que lo vimos primero en todo su esplendor cuando se lo sacó enfurecida a un Poncho Durazo en una convención de Morena por una porra que había llevado Marcelo Ebrard), como recientemente lo hizo en puebla con inconformes a quienes les reclamaba por qué se manifestaban si ya les había ofrecido recibirlos.
¡Ni los dioses del Olimpo se mostraron tan delicados de piel e intolerantes!
Aparte de mostrar tendencias autoritarias, como revictimizar a los pobres operadores de Magnicharters, la señora exhibe indicios de carácter intolerante que mucho preocupa y poco ayuda a crear en México y su Gobierno cuatrotero algo que hoy se requiere muchísimo -y mañana se requerirá más-, que es confianza y certeza.
Ello, además de terminar con la nefasta maña de convertir al Gobierno en actor económico, desplazando los legítimos intereses de los ciudadanos y empleando los recursos públicos con fin de lucro para las castas privilegiadas de los servidores públicos del cuatroterismo.