La única forma que existe para que un negocio crezca es a través de la inversión, lo mismo las familias mediante la posibilidad de que los hijos estudien para que en el futuro puedan valerse por sí mismos. Si lo es para las empresas y familias, para el país es igualmente importante. Este hecho incontrovertible parece ser ignorado por gobiernos particularmente abanderados de lo que se conoce como izquierda, ellos prefieren gastar hasta la última gota, lo que se tiene en el momento, de ser posible en cosas vistosas como monumentos, obras con rentabilidad social negativa o transferencias en efectivo que garanticen lealtades electorales. Esa costumbre de no invertir para el futuro es la que lleva a las naciones al empobrecimiento silencioso hasta llegar a casos extremos como Cuba y Venezuela o como se aprecia ya en muchos lugares de Europa. Actualmente el nivel de inversión en México es el más bajo desde que se tiene registro. El indicador de formación bruta de capital fijo como se le conoce a la inversión apenas llega al 22.9% en proporción a PIB. En la cifra anterior se desprende que el 86% proviene del sector privado y el gobierno de la presidenta Sheinbaum sólo aporta el 14% que además viene bajando ante la necesidad de hacer frente a los crecientes gastos de los programas bienestar, las pensiones y el pago de intereses de la deuda que se ha auto generado.
Como indica la evidencia oficial, los 2 últimos gobiernos tomaron deuda o sacrificaron dinero de escuelas, medicinas, hospitales o servicios públicos de calidad para invertir en proyectos de infraestructura pesada que pierden millones de pesos diarios e implican pérdida de riqueza nacional por su rentabilidad social negativa, lo anterior dejó de lado la posibilidad de invertir en infraestructura de agua potable, luz eléctrica o comunicaciones realmente eficientes que faciliten la movilidad e intercambio comercial interno. Por su parte, en el mismo periodo los particulares invirtieron en infraestructura de parques industriales y oficinas que aprovecharán el famoso "nearshoring" que resultó en un fiasco para México. Hoy el estado mexicano no tiene recursos suficientes para financiar al mismo tiempo; el crecimiento exponencial de los programas Bienestar, el envejecimiento de la población que presiona las pensiones contributivas, los intereses crecientes de la deuda que sigue en aumento y mantener el financiamiento a las obras de AMLO que como se ha advertido, pierden dinero diariamente sin esperanza de rentabilidad futura. El sector privado en público se compromete a invertir cientos de miles de millones de pesos, pero en privado, mientras se siga perdiendo el estado de derecho, con el control del poder judicial y legislativo por parte del ejecutivo y existe la posibilidad de que un puñado de políticos tenga la capacidad de modificar la Constitución como se ha visto, en un fin de semana, no invertirá un peso, menos cantidades astronómicas. El problema lamentablemente estriba en que la falta de inversión condena a millones de mexicanos a perder su futuro.