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Radar Inteligente
Expansion 16 Apr, 2026 06:01

De la promesa a la ejecución, la próxima era de la IA será operacional

Las grandes disrupciones tecnológicas siempre llegan con ruido. Pasamos del caballo al automóvil, de las velas a la bombilla y del fax a internet atravesando las mismas etapas: duda, negación, fascinación y exageración. Con la Inteligencia Artificial (IA) ocurre lo mismo. Estamos navegando un salto real, pero entre promesas y temores suele escaparse lo esencial: qué es, qué no es y dónde sí está creando valor medible.

Entonces, ¿qué es mito y qué es realidad?

Desde 1950, cuando Alan Turing propuso evaluar la “inteligencia” de las máquinas, llamamos “inteligentes” a sistemas que en realidad seguían instrucciones: reglas si?entonces , filtros, motores de búsqueda, etc. Eran útiles, pero no “pensaban”. El primer parteaguas llegó con el machine learning (Arthur Samuel, 1959): dejamos de programar reglas y empezamos a entrenar modelos que aprenden patrones. Ahora, si le muestras cientos de imágenes de autos, el sistema aprende a reconocer un auto. Más tarde, a finales de los 60 surgieron los primeros chatbots y robots móviles capaces de planear acciones; en los 80 y los 90, la IA irrumpió en juegos y entornos controlados. El segundo gran salto —el que hoy nos tiene debatiendo— son los modelos de lenguaje de gran escala (LLM): sistemas que conversan, razonan en lenguaje natural y orquestan tareas. No opinan por sí solos ni tienen voluntad, pero generalizan conocimiento y resuelven problemas con una eficiencia inédita. En esa transición se coló la confusión. Llamamos “IA” a todo —incluida la edición de una foto o el ordenamiento de una hoja de cálculo—, y luego nos decepcionamos cuando no vemos magia. ¿En qué punto nos encontramos? No estamos viendo nacer la IA, pero tampoco hemos llegado a su punto máximo de madurez. De hecho, estamos en el momento más decisivo: cuando la tecnología ya funciona, pero aún no sabemos encaminarla bien. La IA es lo suficientemente poderosa para generar valor real, y al mismo tiempo, bastante nueva para confundirla con marketing digital que usan algoritmos tradicionales, por ejemplo, quitar el fondo de una foto. Como ha ocurrido con otras disrupciones, los ganadores son quienes consigan: comprenderla e incorporarla de forma profunda y responsable. “La IA reemplazará al humano”. La realidad es que no. La IA no reemplazará a los humanos, va a reordenar el trabajo, como ha sucedido en todas las grandes disrupciones. Cuando llegaron los autos desapareció el oficio de cuidar caballos: cuando el fax se popularizó, los operadores de télex dejaron de existir. No fue un colapso, fue una realineación y transformación. Con la IA pasa lo mismo: no elimina personas, elimina tareas y modelos que ya no agregan valor en el contexto actual. Quienes entienden cómo adaptarse y amplificar su trabajo con esta tecnología serán más relevantes.

La IA llegó para quedarse

“Alguien ya sabe con certeza qué viene”. Nadie. La historia demuestra lo contrario: nadie predijo con precisión el impacto real del automóvil, de la electricidad o del internet. Con la IA ocurre lo mismo. Podemos anticipar tendencias –más automatización, más productividad, más reconfiguración del trabajo-, pero afirmar escenarios cerrados es más futurología que análisis. El peligro no está en saber exactamente qué viene, sino en actuar como si ya lo supiéramos. La única forma sensata de avanzar es experimentar, medir y ajustar. En tecnología, la certeza absoluta no existe: la adaptación continua sí. La pregunta correcta no es qué trabajos va a eliminar la IA, sino qué tareas dejarán justificar tiempo humano. La IA automatiza lo repetitivo, lo predecible y lo estandarizable: procesos administrativos, soporte básico, documentación, análisis rutinario, partes del desarrollo de software. Sin embargo, no sustituye criterio, liderazgo ni responsabilidad; los desplaza hacia actividades de mayor valor. Como ha ocurrido con otras disrupciones, no veremos desapariciones abruptas, sino transformaciones graduales del trabajo. Los roles que se adapten y aprenda a delegar tareas a la IA ganarán relevancia. La siguiente ola de la IA no vendrá de modelos más grandes, sino de su integración con el mundo físico. Tras los LLM, el verdadero salto será conectar la capacidad cognitiva de la IA- razonamiento, planeación y toma de decisiones- con sistemas que ejecutan acciones reales: software acoplado a sensores, Edge computing , robótica e infraestructura industrial. Pasaremos de la IA que asiste a la que opera procesos completos con autonomía. Esta convergencia entre el mundo digital y el trabajo físico no será espectacular, será operacional, y su impacto se medirá en eficiencia, confiabilidad y escala. Ahí estará la próxima ventaja competitiva.

La adaptación a la IA no será inmediata ni homogénea; será desigual, gradual, y en muchos casos, incómoda. Como ha ocurrido en el pasado. La verdadera brecha no será tecnológica, sino organizacional y cultural: empresas capaces de aprender, rediseñar procesos y tomar decisiones basadas en datos avanzaran más rápido. La próxima era de la IA no será espectacular; será invisible. Y precisamente por eso será decisiva. _____ Nota del editor: Omar El Gohary es un ejecutivo tecnológico mexico-egipcio experto en inteligencia artificial, IoT y computación perimetral, con una trayectoria que combina innovación tecnológica, liderazgo empresarial y experiencia internacional. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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