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Rotativo Querétaro 17 Apr, 2026 10:48

Muere Alejandro Burillo Azcárraga, dueño del Atlante y arquitecto del Tri, a los 74 años



México, 17 de abril de 2026. — Alejandro Burillo Azcárraga murió a los 74 años de edad y con él se apagó una de las figuras dirigenciales que más influyó en el fútbol mexicano de las últimas tres décadas.

El empresario, conocido en el medio como "El Güero", fue propietario del Atlante, operó el Consejo de Fútbol de Televisa durante los noventa, condujo tramos decisivos del proyecto de la Selección Mexicana y levantó el complejo que hoy se conoce como Centro de Alto Rendimiento.

Tenía un físico enjuto, atlético, manos encallecidas por las artes marciales y un carácter frontal que marcó a quienes lo trataron.

Sobrino de Emilio Azcárraga Milmo y primo de Emilio Azcárraga Jean, pertenecía a una de las familias más poderosas del país. Esa cercanía con el imperio Televisa le dio plataforma para entrar al fútbol por la puerta grande, aunque su estilo nunca fue el del dirigente discreto.

Era agresivo con los métodos, implacable en los negocios y devoto de la causa deportiva, una combinación poco común entre quienes controlaban la industria.

Bajo su gestión, el Tri llegó al subcampeonato en la Copa América de Colombia en 2001 con Javier Aguirre al frente. Aquella participación no fue accidente. Burillo empujó el acceso del fútbol mexicano al circuito sudamericano por la vía legítima, sin las componendas con relojes Rólex que años antes habían marcado otras gestiones.

Desde una red de socios en Estados Unidos levantó la InterLiga en 2004, un mini torneo entre clubes mexicanos que sirvió de antesala para que los equipos nacionales llegaran a la Copa Libertadores.

A los rivales venezolanos se les compensaba con un millón de dólares para abrir la ruta.

Su relación con la Conmebol siempre fue tensa. Pocos se atrevían a confrontar a Julio Grondona y a Nicolás Leoz en su propia cancha, y Burillo era uno de ellos.

En una cena de gala durante aquella Copa América, cuando sentaron a la delegación mexicana junto a los baños, abandonó el festejo sin dar explicaciones y movió a todo el grupo tricolor a un restaurante en Bogotá.

Antes, en Pereira, cuando el responsable de una cancha se negó a abrir la reja para el entrenamiento del Tri, bastó un gesto suyo al personal de seguridad para que la puerta cediera en segundos.

La ofensiva siguió después del torneo. La propia Conmebol ofreció a México integrarse como miembro asociado para mantener participación en Copa América, Copa Sudamericana y Copa Libertadores.

El plan naufragó cuando Jack Warner y Chuck Blazer, entonces cabezas de la Concacaf, amenazaron a Joseph Blatter con sabotear su reelección si lo permitía.

Ese capítulo dejó al fútbol mexicano sin la integración sudamericana que parecía inminente y al Güero con la sensación de que la política de escritorio había ganado una partida que en el terreno ya estaba resuelta.

La transición tras la muerte del Tigre Azcárraga en 1997 no le fue favorable. Todo apuntaba a que el control de Televisa quedaría en sus manos junto con Emilio Díez Barroso, pero el entorno político lo impidió.

Emilio Azcárraga Jean tomó el mando con un grupo joven —Bernardo Gómez, Alfonso de Angoitia y José Bastón, los llamados Cuatro Fantásticos en círculos financieros— y Burillo terminó con una participación importante, pero minoritaria, de las acciones.

Desde ahí se volcó al Atlante, lo mudó a Cancún pese al desaliento de la afición azulgrana en la Ciudad de México, y con el profe Cruz en el banquillo conquistó el título del Apertura 2007 frente a Rayados.

También estuvo muy cerca de quedarse con las Chivas del Guadalajara, justo antes de que Jorge Vergara entrara al cuadro.

La Asociación Civil que administraba al club detectó que el despacho de abogados de los aspirantes coincidía con el bufete jurídico de Televisa, y esa sola observación bastó para inclinar la votación en otra dirección.

Fuera del fútbol, diversificó hacia el tenis con la fundación de Mextenis en 1992, operación que derivó en el Abierto Mexicano de Tenis y en su traslado a Acapulco, decisión que convirtió al torneo en referencia de la ATP con la visita de jugadores del top 10 mundial.

El Centro Pegaso, hoy Centro de Alto Rendimiento, fue otro de sus legados operativos.

Ahí entrena actualmente el Tricolor de cara al Mundial 2026 que México organizará junto con Estados Unidos y Canadá. La instalación nació como casa del Atlante, pasó a manos de la Federación Mexicana de Futbol en 2003 y terminó convertida en la infraestructura más avanzada con la que cuenta el fútbol mexicano para preparar a sus selecciones.

Con él también salió de escena una marca que marcó a una generación: Aba Sport, responsable del uniforme del Tri en Francia 98, aquella playera con la piedra del sol estampada al frente que todavía se exhibe en la memoria mundialista del país.

Sus últimos años los vivió apartado de los reflectores debido a un cáncer de piel que lo fue sacando del espacio público. Cumpliría 75 años el próximo mes.

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