URUAPAN, Michoacán., 18 de abril de 2026.- Hay inauguraciones que brillan.
Y hay silencios que duelen.
Hoy, mientras miles aplaudían el arranque del teleférico en Uruapan —símbolo de modernidad, de avance, de promesa—, abajo, a ras de calle, un hombre levantaba algo mucho más pesado que cualquier obra pública: una súplica.
17.30 horas.
Solo.
Sin micrófonos.
Sin aplausos.
Un adulto mayor, con las manos firmes y el corazón expuesto en un pedazo de cartón:
EXIGIMOS PAZ EN MÉXICO.
Nadie cortó listón para él.
Nadie detuvo la marcha para escucharlo.
Pero ahí estaba… recordándonos lo que a veces preferimos no ver.
Foto: Tania Lomelí/Quadratín Michoacán
Porque mientras celebramos el progreso que se eleva por los cielos, hay un país que sigue pidiendo, desde abajo, algo mucho más urgente: vivir sin miedo.
Esa imagen —pequeña frente a la estructura imponente— lo dice todo.
Un contraste brutal entre lo que se inaugura… y lo que aún nos falta.
Hoy Uruapan tiene teleférico.
Pero ese hombre nos recordó que México sigue esperando paz.
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