En Chiapas dos sicarios, una cena interrumpida y una corona que nunca será entregada, así terminó la vida de Noé Alejandro López Martínez, Fernanda Palacios, actual Reina de Reinas del certamen de belleza gay de México.
La noche del sábado, en la colonia Linda Vista Poniente de Cintalapa, los disparos no sólo mataron a un joven de 27 años: ejecutaron a un símbolo de la diversidad sexual en el sureste mexicano.
Alejandro estaba afuera de una cenaduría cuando dos hombres armados llegaron sin mediar palabra. Los balazos rompieron el silencio de la calle José María Morelos.
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Paramédicos sólo confirmaron la muerte. Su organización, Num México Gay, exige justicia y que se investigue como crimen de odio. La Fiscalía, hasta ahora, ha guardado silencio.
El caso de Noé Alejandro no es un hecho aislado. Es el reflejo de una crisis que late en Chiapas mientras el Congreso duerme.
Cintalapa, municipio fronterizo con Oaxaca, es un territorio en disputa entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa. La guerra por drogas y migrantes ha dejado cuerpos sin nombre. Sin embargo, colectivos como Una Mano Amiga en la Lucha contra el SIDA A.C. advierten: reducir todo a “daño colateral” del narco es un error.
La transfobia también está en el vecino, en el policía, en el servidor público que niega la identidad.
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Las cifras son escalofriantes. Mientras el cuerpo de Noé Alejandro era velado, las organizaciones reportaron que la violencia transfeminicida en Chiapas aumentó 200 por ciento durante 2025. México es ya el segundo país de América con más transfeminicidios.