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El Financiero 20 Apr, 2026 06:20

La nueva ley de infraestructura estratégica: implicaciones para la inversión y el financiamiento en México

La Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar (LFIIEDB) introduce un nuevo marco para la participación del capital privado en proyectos clave de infraestructura en México.

Su alcance es relevante, pero su verdadero impacto no dependerá tanto del texto legal como de la forma en que se estructuren los proyectos, de la solidez de sus flujos y de su interacción con el entorno fiscal y presupuestario.

La lógica de la ley es distinta a la de esquemas anteriores. El Estado se reserva la identificación y validación de los proyectos considerados estratégicos, mientras que el sector privado asume un papel central en su financiamiento, desarrollo y operación.

No es solo un ajuste institucional; implica un cambio más profundo en la asignación de riesgos, en los mecanismos de financiamiento y en la forma de evaluar la rentabilidad de largo plazo.

El contexto explica por qué este giro era necesario. México arrastra desde hace años una brecha estructural en inversión en infraestructura, que distintos organismos internacionales han señalado como inferior al nivel requerido para sostener el crecimiento económico.

A ello se suma la presión del nearshoring. La relocalización de cadenas productivas ha incrementado rápidamente la demanda de energía, logística, conectividad y capacidad industrial, en muchos casos por encima de la infraestructura disponible.

Todo esto ocurre, además, en un entorno de restricción fiscal, con poco margen para expandir el gasto público directo. El capital privado existe y está dispuesto a participar. La pregunta clave es bajo qué condiciones.

CERTIDUMBRE EN FLUJOS: EL PUNTO DE PARTIDA

En proyectos financiados bajo esquemas de project finance, la previsibilidad de los ingresos es el elemento central. La LFIIEDB busca alinear la planeación de proyectos estratégicos con mecanismos de horizonte plurianual o de largo plazo, lo que puede contribuir a una mayor previsibilidad institucional de los flujos, reduciendo la dependencia de decisiones anuales.

La ley no crea financiamiento automático ni implica garantías implícitas del Estado. Su valor radica en permitir estructuras más ordenadas y consistentes, capaces de sostener ingresos estables en el tiempo.

Para la banca y los fondos de deuda, esa diferencia es fundamental. Sin visibilidad de flujos, el financiamiento estructurado simplemente no sucede.

PROPÓSITO ESPECIAL: EL RETO ESTÁ EN LA EJECUCIÓN

Los vehículos de propósito especial se convierten en el instrumento operativo central para canalizar la inversión en infraestructura estratégica. Estos vehículos pueden estructurarse como fideicomisos o sociedades, emitir deuda, recibir capital y afectar activos y flujos como garantías.

El mercado mexicano ya conoce bien estas figuras. El reto no está en el diseño jurídico, sino en la ejecución. La asignación correcta de riesgos, la solidez contractual, la claridad en los derechos de cobro y la estabilidad regulatoria son lo que define la viabilidad financiera.

GOBERNANZA Y SELECCIÓN: DONDE SE DEFINE EL RIESGO ESTRUCTURAL

La LFIIEDB establece un proceso formal para identificar y priorizar proyectos de infraestructura considerados estratégicos, antes de que se defina su estructura contractual o financiera. Un órgano colegiado participa en la validación de estos proyectos con base en criterios técnicos alineados con los objetivos de desarrollo nacional.

Para los inversionistas, este proceso es relevante porque fija el punto de partida del proyecto.

La claridad de los criterios de selección y su aplicación consistente serán determinantes para dimensionar el riesgo desde etapas tempranas. La incorporación de variables de impacto social amplía el análisis, pero exige mantener un equilibrio con la viabilidad técnica y financiera.

Una gobernanza clara no asegura flujos de ingreso, pero sí reduce la incertidumbre institucional y refuerza la credibilidad de los proyectos frente a bancos y fondos.

TRATAMIENTO FISCAL DE LA DEUDA: IMPACTO DIRECTO EN LA RENTABILIDAD

En proyectos de infraestructura intensivos en capital, el tratamiento fiscal de los intereses tiene un impacto directo en la rentabilidad del equity. En este terreno, el marco fiscal mexicano ofrece condiciones especialmente relevantes para infraestructura productiva estratégica y sectores como energía, agua y conectividad.

En ciertos supuestos, cuando la deuda se destina a la construcción, operación o mantenimiento de este tipo de proyectos, el marco fiscal permite estructurar niveles elevados de apalancamiento sin que necesariamente se detone la limitante de capitalización delgada, siempre que se cumplan los requisitos aplicables y exista consistencia en el destino de los recursos.

Esto abre la puerta a esquemas de financiamiento más eficientes, incluso con deuda intragrupo, sujeto a condiciones de mercado y sustancia económica.

De forma complementaria, la deducibilidad de intereses puede no quedar sujeta a las restricciones generales vinculadas al EBITDA fiscal en determinados proyectos de infraestructura, dependiendo de su encuadre específico en la legislación vigente.

Este punto es especialmente relevante en las primeras etapas, cuando los flujos aún son reducidos. Estos beneficios no operan de forma automática ni generalizada. Su aplicación depende de la estructura del proyecto, de la documentación del financiamiento y del cumplimiento de los requisitos fiscales.

Una regla define cuánto se puede apalancar el proyecto; la otra, qué tan eficiente resulta fiscalmente. Cuando se integran bien, el impacto en el retorno puede ser significativo.

INCENTIVOS FISCALES Y APOYOS: MÁS FLUJO, NO NECESARIAMENTE MENOS IMPUESTOS

La ley se articula con otras políticas públicas, como el Plan México y los Polos de Desarrollo para el Bienestar, y permite el acceso a apoyos financieros, coinversión y estímulos fiscales conforme al marco vigente.

Desde una perspectiva financiera, su mayor impacto no está en reducir la carga fiscal total de largo plazo, sino en mejorar el perfil temporal de los flujos.

La deducción acelerada de activos y otros beneficios adelanta la recuperación fiscal de la inversión, algo especialmente valioso en proyectos apalancados.

En materia de IVA, la etapa de construcción sigue acumulando saldos a favor sujetos a procesos estrictos de devolución.

Los mecanismos acelerados ayudan a la liquidez, pero no sustituyen una gestión operativa robusta.

Para el inversionista, lo relevante no es el incentivo aislado, sino cómo se integra todo el régimen en el modelo financiero.

CONCLUSIONES

La LFIIEDB establece un marco más sofisticado para la participación del capital privado en infraestructura estratégica. Representa una oportunidad real, pero no automática. Para bancos, fondos y desarrolladores, el análisis no puede centrarse en un solo elemento.

La estructura financiera, el tratamiento fiscal, la calidad de los flujos y la certidumbre institucional forman parte de una misma ecuación.

El capital está disponible.

La diferencia estará en qué proyectos logren integrar estos elementos de manera consistente y sostener su viabilidad en el tiempo. Bajo ese enfoque, la oportunidad es relevante, pero inevitablemente selectiva.

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