Cd. de México.- Las guerras suelen analizarse desde una perspectiva política o humanitaria, pero su impacto económico también es profundo y, sobre todo, más duradero.
De acuerdo con análisis recientes del Fondo Monetario Internacional, los conflictos no solo destruyen infraestructura y vidas, sino que dejan cicatrices económicas que pueden persistir durante décadas, afectando el crecimiento, la estabilidad financiera y el bienestar de las sociedades.
Janneth Quiroz Zamora, Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, señala que el primer efecto es inmediato: la caída en la actividad económica. En promedio, los países en guerra experimentan una contracción cercana al 7 por ciento del PIB en un periodo de cinco años, con efectos que pueden prolongarse por más de una década.
Resalta que la destrucción de infraestructura, la interrupción de la producción y el colapso del comercio interno reducen la capacidad productiva, generando pérdidas que son difíciles de revertir incluso después del fin del conflicto.
A nivel macroeconómico, apunta la directiva de Monex, las guerras suelen provocar desequilibrios significativos. La necesidad de financiar el esfuerzo bélico incrementa el gasto público, lo que deriva en mayores déficits fiscales y un aumento acelerado de la deuda.
De hecho, puntualiza, los episodios de ampliación en gasto militar suelen elevar los déficits en más de dos puntos del PIB y la deuda pública en alrededor de siete puntos en pocos años. Este deterioro fiscal limita la capacidad de los gobiernos para invertir en salud, educación e infraestructura, afectando el desarrollo a largo plazo.
Otro canal clave, explica Janneth Quiroz, es la inflación. Los conflictos generan escasez de bienes, disrupciones en cadenas de suministro y, en muchos casos, aumentos en los precios de la energía y alimentos.
El caso reciente de la guerra en Medio Oriente, reflexiona, muestra cómo un choque energético puede trasladarse rápidamente a precios globales, elevando la inflación y complicando la labor de los bancos centrales. En este entorno, las autoridades enfrentan el dilema de contener la inflación sin frenar aún más el crecimiento.
Las guerras también afectan los mercados financieros. La incertidumbre geopolítica provoca salidas de capital, depreciación de las monedas y pérdida de reservas internacionales. Los inversionistas tienden a refugiarse en activos seguros, lo que encarece el financiamiento para economías afectadas y reduce la inversión productiva. Este deterioro de la confianza puede prolongarse incluso después de que termina el conflicto.
Además, apunta la Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex. el impacto no se limita a los países directamente involucrados. Las economías vecinas y socios comerciales también sufren los efectos, a través de menores exportaciones, interrupciones logísticas y volatilidad en los mercados.
En un mundo globalizado, los conflictos se transmiten rápidamente, afectando cadenas de suministro, precios de alimentos y energía, e incluso el acceso a tecnología.
Finalmente, comenta Quiroz Zamora, uno de los costos más relevantes es el de oportunidad. El aumento en el gasto militar implica desviar recursos que podrían destinarse a inversión productiva. Aunque el gasto en defensa puede generar cierto estímulo económico en el corto plazo, sus beneficios son menores cuando se orienta a compras externas, mientras que sus costos fiscales y sociales son elevados.