nullMiguel Flores/Lo bueno, lo malo y lo peor
LO BUENO
La exigencia del PVEM de cinco de las 17 candidaturas a gobernador revela una dosis de realismo político. En un sistema de coaliciones, los socios no son comparsas: aportan votos, estructura territorial y lealtad. Que Jorge Emilio González lo diga de frente, y que Morena lo escuche, es un signo de madurez. Mejor negociar cuotas con claridad que fingir una alianza ideológica que nunca existió. En Querétaro, aceptar a Ricardo Astudillo en lugar de forzar a Santiago Nieto podría ser un acto de prudencia elemental al interior de la alianza de la 4T; si es que la alianza pesa más que los objetivos de Morena.
LO MALO
El problema no es que el Verde cobre; es que lo haga abiertamente sin reparo y discreción alguna. Cinco gubernaturas representan casi el 30 por ciento de las plazas en disputa. Convertir una alianza estratégica en un mercadeo de candidaturas transforma la política en un trueque de cuotas, donde el mérito y la capacidad quedan relegados a un segundo plano. Morena, que llegó al poder prometiendo romper con las viejas prácticas priistas, termina reproduciendo la misma lógica de los “arreglos” que tanto criticó. Y lo hace antes siquiera de que comience la contienda formal de 2027. Estados como Querétaro, donde el PVEM ha expuesto públicamente su apoyo al dirigente estatal Ricardo Astudillo para colocarlo como candidato; podría diluir la alianza y poner a los verdes a competir contra Morena.
LO PEOR
Lo más grave es lo que este regateo anticipado dice del proyecto de la 4T: su estabilidad depende menos de convicciones compartidas que de la distribución de botín. Si Claudia Sheinbaum cede Querétaro (o cualquier otro estado) no por convicción sino para “poner orden” y evitar un escándalo mayor con Nieto, entonces la alianza ya no es un instrumento para transformar México, sino un mecanismo para administrar poder y silenciar riesgos. Cuando los partidos negocian candidaturas como si fueran acciones de una empresa, el ciudadano termina siendo el último en la fila. Y eso, a la larga, erosiona mucho más que una elección, erosiona la confianza en que la alternancia sirvió para algo distinto a cambiar de manos las mismas fichas.