nullMartín Arango
En México ya no necesitamos especialistas en economía, para eso tenemos los consejos prácticos de Claudia Sheinbaum, que con una facilidad admirable ha reducido la complejidad de la inflación a simples decisiones domésticas, como si la carne está cara, coman frijoles, pues tienen muchos beneficios para la salud; si la gasolina sube, usen verde en lugar de roja; y si el jitomate aumenta de precio… bueno, al menos queda el consuelo de reírse. Así, entre ocurrencias y simplificaciones, pretenden convencernos de que la crisis económica es, en realidad, un asunto de hábitos personales.
El problema es que la realidad no se ajusta a las mañaneras, porque mientras la presidenta reparte consejos como si fueran recetas milagro, las familias mexicanas hacen cuentas que simplemente no cuadran, y más allá de eso la inflación no se combate con sustituciones improvisadas ni con frases simpáticas; se enfrenta con políticas públicas serias, con estabilidad y con decisiones responsables. Y de eso, lamentablemente, cada vez vemos menos.
Porque mientras nos dicen que transformemos el menú, la canasta básica sigue encareciéndose, pues de acuerdo con datos del INEGI, su costo ha aumentado 8.1 por ciento respecto al año pasado. Es decir, incluso siguiendo al pie de la letra los “consejos” de la autollamada 4T, el dinero alcanza para menos. No es percepción, no es exageración, es la experiencia diaria de millones de familias que tienen que decidir qué dejar de comprar.
Lo preocupante no es solo el tono ligero con el que se abordan estos temas, sino lo que revela de fondo, una desconexión profunda entre quienes profesan bienestar de dientes para afuera y quienes vivimos la realidad todos los días. Porque para quien no ha tenido que elegir entre llenar el tanque o llenar la despensa, todo puede parecer una cuestión de voluntad; pero para la gran mayoría, esto no tiene nada de gracioso.
En Querétaro, en Acción Nacional tenemos claro que cuidar la economía de las familias no es «dar consejos», es dar resultados. Es generar condiciones para que el dinero rinda, para que haya empleo, para que los precios no se disparen sin control. Porque mientras en otros lados se ríen del problema, aquí entendemos que no hay nada más serio que la calidad de vida de las y los queretanos. Y eso sí se trabaja todos los días.