PUEBLA, Pue., 20 de abril de 2026.- Puebla se ha convertido en un punto de tensión dentro del nuevo mapa del crimen organizado en México.
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en febrero de 2026, no solo debilitó momentáneamente a esa organización, sino que detonó un reacomodo violento de estructuras criminales en varios estados, incluida la entidad poblana.
Este escenario se agravó con la captura de figuras clave del Cártel de Sinaloa —como Ismael El Mayo Zambada— que ha erosionado la capacidad operativa de esa organización y abierto espacios para otros grupos. El resultado es un vacío de poder parcial que distintos actores buscan ocupar.
Puebla: territorio en disputa
De acuerdo con fuentes de inteligencia policial, al menos seis municipios poblanos han registrado reacomodos criminales tras la muerte de El Mencho, con movimientos visibles en zonas como la capital, Acatzingo y el corredor del Triángulo Rojo.
Las autoridades reconocen que existe un riesgo de escalada de violencia, lo que ha obligado a mantener operativos reforzados y despliegues permanentes.
Este contexto no es aislado debido a que, tras la caída del líder del CJNG, el país experimentó bloqueos, incendios y enfrentamientos en múltiples estados, un patrón típico cuando se fragmenta una estructura criminal dominante.
El ascenso de la Familia Michoacana
En ese vacío, la Nueva Familia Michoacana ha intensificado su expansión territorial.
Este grupo, históricamente asentado en Guerrero, Estado de México y Michoacán, mantiene una estructura basada en extorsión, narcotráfico y control local violento.
Su avance hacia zonas estratégicas como Puebla responde a dos factores:
- Debilitamiento de rivales tradicionales (CJNG y Sinaloa).
- Ubicación logística de Puebla, clave para rutas hacia el Golfo, centro del país y sureste.
Aunque Puebla no era su bastión histórico, la organización ha demostrado capacidad de penetración en al menos 35 municipios del país, lo que le permite aprovechar coyunturas de fragmentación criminal.
CJNG y La Barredora: control fragmentado
Pese a la muerte de su líder, el CJNG no desapareció. Bajo nuevos liderazgos —como el entorno familiar de Oseguera—
el grupo mantiene presencia operativa.
En Puebla, su brazo local identificado como Operativa Barredora continúa activo.
De hecho, investigaciones oficiales han vinculado a esta célula con ataques armados recientes, como el ocurrido en la zona de Angelópolis, donde un error de identificación dejó víctimas civiles.
Actualmente, el control territorial se distribuye de forma fragmentada:
- CJNG – La Barredora: presencia en zonas urbanas y corredores estratégicos.
- Familia Michoacana: incursión en regiones periféricas y rutas logísticas.
- Grupos locales y células independientes: disputan economías ilícitas como robo de combustible, narcomenudeo y extorsión.
Un equilibrio inestable
Fuentes ministeriales coincidieron que Puebla enfrenta un equilibrio criminal inestable.
La fragmentación no implica menor violencia; por el contrario, suele incrementarla.
La experiencia nacional muestra que cada captura o muerte de un capo relevante genera disputas internas y externas, elevando homicidios, ataques armados y control territorial violento.
Además, la incursión de la Familia Michoacana introduce un nuevo factor: un grupo con lógica territorial distinta, más centrada en el control social mediante extorsión y violencia directa, lo que podría modificar el patrón delictivo en la entidad.
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