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Mundiario 20 Apr, 2026 11:43

La nueva tensión en Ormuz dispara el precio del petróleo y amenaza con escasez de carburantes

La volatilidad ha regresado con fuerza al mercado energético global. La nueva escalada de tensión en el Estrecho de Ormuz ha frustrado las expectativas de un alivio en el precio de los carburantes en Europa, lo que revirtió en cuestión de horas el optimismo que se había instalado tras los primeros indicios de reapertura de esta vía clave para el transporte de crudo.

A finales de la semana pasada, los mercados reaccionaron con euforia a las señales de distensión entre Estados Unidos e Irán. El anuncio de que el paso marítimo podría reanudarse con normalidad provocó caídas de más del 10% en los precios del petróleo, generando expectativas de una reducción inminente en gasolina y diésel.

Sin embargo, ese escenario duró poco. En menos de 24 horas, la falta de coordinación sobre el terreno, los incidentes con buques y la persistencia del bloqueo naval  estadounidense devolvieron la incertidumbre al mercado. El crudo repuntó rápidamente, con el Brent acercándose a los 94 dólares por barril y el WTI estadounidense rondando los 87 dólares.

El resultado es inmediato: la tendencia a la baja en los precios en las gasolineras europeas se ha detenido, y todo apunta a una nueva escalada.

El Estrecho de Ormuz no es un punto cualquiera en el mapa. Por él transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, además de gas natural y productos refinados esenciales. Su bloqueo —parcial o total— tiene efectos sistémicos.

En este contexto, el pulso entre Washington y Teherán ha convertido la zona en un espacio de alto riesgo. Buques que intentaron cruzarlo el fin de semana se vieron obligados a dar media vuelta, mientras continúan los ataques y advertencias cruzadas. La captura de un carguero iraní por parte de fuerzas estadounidenses ha añadido un nuevo elemento de fricción que complica aún más cualquier salida diplomática.

Europa: entre la resiliencia y la vulnerabilidad

Europa se encuentra en una posición intermedia. A diferencia de otras regiones, cuenta con reservas estratégicas, capacidad de refino y músculo financiero para absorber precios elevados durante cierto tiempo. Pero eso no elimina el riesgo.

Según datos recientes, el precio medio de la gasolina en la Unión Europea ya superaba los 1,85 €/litro y el diésel los 2,09 €/litro antes de la última escalada. Con el repunte del crudo, la previsión es clara: nuevos aumentos en los surtidores.

Más preocupante aún es el suministro de queroseno. Agencia Internacional de la Energía ha advertido que Europa dispone de apenas seis semanas de reservas de combustible de aviación en el escenario actual. Algunas aerolíneas ya han comenzado a cancelar vuelos ante la incertidumbre.

El impacto no se limita a los precios. Cuando las interrupciones se prolongan, el mercado entra en una fase más crítica: la escasez física. Este fenómeno ya se observa en varias economías de Asia y África, donde se han impuesto restricciones al consumo, reducido jornadas laborales e incluso generado mercados negros de combustible.

En Europa, aunque el escenario aún no ha alcanzado ese nivel, comienzan a aparecer señales de alerta. Algunas estaciones de servicio han registrado problemas puntuales de suministro, y los gobiernos analizan medidas de contingencia.

Los analistas coinciden en que, si el bloqueo en Ormuz persiste y se intensifican los daños a infraestructuras energéticas en el Golfo, el riesgo de racionamiento dejará de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad tangible.

Negociaciones en el aire

En paralelo, la vía diplomática sigue abierta, pero con escasos avances. La delegación estadounidense, impulsada por la administración de Donald Trump, intenta reactivar las negociaciones con Teherán a través de mediadores en Pakistán. Sin embargo, Irán ha mostrado reticencias a participar mientras se mantenga el bloqueo.

Las diferencias siguen siendo profundas: programa nuclear, control del estrecho y levantamiento de sanciones. Cada uno de estos puntos condiciona directamente la estabilidad del mercado energético global.

El episodio confirma hasta qué punto el precio de la energía depende de factores geopolíticos. La simple expectativa de apertura o cierre de Ormuz basta para mover los mercados con violencia.

Para Europa, el problema no es solo el encarecimiento del combustible, sino la incertidumbre estructural que genera. La economía, el transporte y la industria dependen de una cadena de suministro que, en estos momentos, está sometida a una presión constante. @mundiario

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