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Radar Inteligente
24 horas 21 Apr, 2026 00:01

Están entre nosotros

La muerte de dos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en México, ocurrida en la sierra de Chihuahua, reavivó el debate sobre la presencia de agentes de la DEA encubiertos que participan en operaciones de campo en territorio nacional.

La Fiscalía de Chihuahua aseguró que se trataba de dos “capacitadores’’, pero no explicó por qué estuvieron presentes en la operación en la que se destruyeron, según información oficial, tres narcolaboratorios del Cártel de Sinaloa.

El asunto va más allá de un diferendo entre el gobierno de Chihuahua, encabezado por la panista María Eugenia Campos y el federal; el primero dijo que la Federación sí estaba avisada del operativo (y se entiende, de la presencia de los dos agentes estadounidenses), pero la presidenta Claudia Sheinbaum lo negó en su conferencia Mañanera.

Si los secretarios de Seguridad y Defensa estaban avisados, seguramente el fiscal chihuahuense César Gustavo Jáuregui tendrá como demostrarlo; si, como dice la Presidenta, el Gobierno federal no fue enterado, también tendría que explicar por qué no quiso que participara.

Lo grave del asunto (además de la lamentable muerte de los cuatro agentes, dos mexicanos y dos estadounidenses), es que el hecho parece confirmar lo que se dice entre la tropa, que efectivamente hay agentes de la DEA en operación de campo, pero “camuflajeados’’ con uniformes de instituciones de seguridad federal.

Es decir, que en los hechos se estaría desmintiendo el discurso oficial sobre la no intervención de gobiernos extranjeros en asuntos nacionales y la defensa de la soberanía territorial.

Citando a un clásico, “haiga sido como haiga sido’’, la muerte de dos agentes estadounidenses en una operación de campo (a causa de un accidente y no a manos de narcotraficantes, sino estaríamos contando otra historia), da la sensación de que alguien está mintiendo, que la cooperación entre gobiernos estatales y federales no es como la pintan y que persiste la desconfianza entre los distintos niveles de gobierno porque en los hechos, nadie sabe con quién en verdad está tratando.

La factura la paga el pueblo, sin duda.

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Marcelo Ebrard anunció que terminaron las reuniones preparatorias para la revisión del T-MEC con Estados Unidos y ahora comenzarán las reuniones con los canadienses.

Ebrard fue el anfitrión de la reunión que los equipos técnicos de ambos países sostuvieron en la capital del país, en la que participaron empresarios del sector automotriz y del acero, afectados por los aranceles impuestos por Donald Trump.

A la par de la reunión con el representante de la Casa Blanca para las negociaciones comerciales, Jamieson Greer, los diputados panistas presentaban una denuncia en contra de Ebrard por presunto peculado, tráfico de influencias y otros delitos, derivados de la revelación de que su hijo fue huésped distinguido, por seis meses, en una habitación de la embajada de México en Reino Unido.

Lo más probable es que la denuncia solo sea testimonial, porque ni la Presidenta ni la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno se han pronunciado al respecto, lo que significa que el hecho fue tomado como “una travesura’’ que no merece mayor sanción.

Pero como sea, encabezar la negociación comercial más importante en la historia del país con una acusación de ese tamaño a cuestas, no parece ser la mejor tarjeta de presentación.

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Por más propaganda que se haga, en el país no se vive “la fiebre mundialista’’ y menos con hechos como el ocurrido en la zona arqueológica de Teotihuacán, en donde ayer ocurrió un homicidio, el suicidio del atacante que demás hirió de diversa gravedad a 13 turistas extranjeros.

Parece que estamos empeñados en que se lleven el partido inaugural a otra parte.

 

     @adriantrejo

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