nullCheko Grajeda
@chekograjeda
Eliminados. Se acabó. Gallos dejó ir la oportunidad de meterse a la ronda final y eso duele más porque no fue una noche desastrosa, sino otra de esas que dejan la misma sensación: el equipo se mantiene vivo y a veces hasta pelea, pero no termina de dar ese paso que le falta para ganar cuando más importa. Primero fue Mazatlán. La última visita dejó tristeza, coraje y orgullo. Boletos a 5 pesos, muchísimos queretanos en la tribuna y un Gallos que volvió a plantarse con seriedad. Generó, empujó y hasta metió gol… o eso parecía. Tres veces. Tres goles anulados. Un partido que se sintió rigorista, exagerado, como si a Querétaro siempre le pidieran un poco más.
Después vino Cruz Azul al Corregidora, en el último partido en casa antes de la pausa por el Mundial. El empate mantuvo la racha sin perder, sí, pero también terminó por bajar el telón. Porque este Gallos ya no se cae, ya no se esconde y ya no regala partidos. Tiene orden, ganas y alma. Pero en esta liga no basta con aguantar: hay que saber rematar. Ahí estuvo el dolor. Gallos mejoró, sí, pero no le alcanzó. Y por eso hoy duele más, porque la liguilla se fue cuando parecía cerca. Ahora vendrán meses sin Gallos en La Corregidora. Habrá fan fest y ambiente, sí, pero no será lo mismo. Queda una base, queda una idea y también la lección más dura: empatar sirve, competir ayuda, pero si no ganas a tiempo, el torneo termina por cobrarte la factura. Dale Gallos.