León necesita evolucionar en su manera de elegir a sus gobernantes. La realidad es que mucha culpa de lo que nos pasa en la ciudad la tenemos los mismos ciudadanos, aplicamos la de “más vale malo por conocido que bueno por conocer” y esta mentalidad, que hacemos efectiva a la hora de votar, es lo que nos ha mantenido sin poder evolucionar electoralmente.
Un pretexto era la falta de candidatos, pero ya van dos periodos que ciudadanos de a pie y con buenos perfiles se suben al ruedo electoral y, de cualquier manera, la gente sigue votando por la seguridad que les representa un mismo colordurante muchos años.
El gran problema de León es no darnos la oportunidad de cambiar de partido, elegir personajes y no colores, analizar propuestas y perfiles; podemos tener en la boleta electoral a un premio Nobel de desarrollo urbano y, aun así, votamos por el color que en su momento representó un cambio, pero que hoy pareciera haber perdido el rumbo.
Y no estoy hablando solo de un partido, esto pasa en todos los partidos que mantienen el poder por mucho tiempo: empiezan los vicios, los egos y el olvido del propósito por el que llegaron ahí.
El poder es un mal consejero, nos hace pensar que somos invencibles y todopoderosos, y se pierde la humildad y, muchas veces, los principios.
Por eso es buena la alternancia, por eso es sano que existan oposiciones, por eso no se debe concentrar el poder en una sola persona o un solo partido.
Y a nosotros los guanajuatenses, que nos gustan tanto los refranes, bien dice uno: “no es culpa del indio sino del que lo hace compadre”; mientras sigamos votando sin contemplar perfiles, proyección, historial, propuestas y equipos, somos parte del problema del “más de lo mismo”.
A mí me gusta ver cómo existen municipios o estados que un sexenio son azules, después naranjas, después guindas; eso demuestra que no se casan con colores por nostalgia, sino que se dan la oportunidad de probar nuevas formas de gobernar.
Lo peor que puede hacer una sociedad es, por miedo, permanecer donde mismo, porque lejos de retroceder o avanzar, queda condenada a estancarse.