Para finales de XIX, en Estados Unidos el boxeo era considerado una práctica ilegal. Lo era porque esta actividad derivaba en conflictos más allá del cuadrilátero y estos tenían finales desafortunados ya que, regularmente, el público acudía armado a las contiendas. Más allá de un deporte se trataba de una actividad de riesgo que llevó a las autoridades nacionales a prohibirlo.
Pero en 1897 había una pelea que nadie se quería perder, entre dos pugilistas legendarios, motivó a los organizadores a buscar estrategias que garantizarán, no solamente una buena pelea sino también un ambiente de estabilidad durante y después del encuentro. Esto propició la contratación de un árbitro que no sólo supiera de boxeo, sino que fuera capaz de detener los conflictos post- encuentro.
Fue así como acudieron a George Siler, quien es recordado por aplicar por primera vez la cuenta regresiva de 10 segundos y por establecer una actitud transparente en sus decisiones e imparcialidad. Se dice que su práctica salvó al boxeo, pero también hizo evidente una necesidad en toda contienda, que siempre es fundamental un árbitro de paz, alguien que garantice el buen desarrollo de la competencia y que evite, con su actuar, posibles desacuerdos en el futuro.
El día de ayer, fueron seleccionadas las personas que integrarán las nuevas consejerías del Instituto Nacional Electoral (INE). Una institución clave, que garantiza el desarrollo de la democracia en México con su funcionamiento imparcial y objetivo, la confianza en el proceso de selección de representantes y de gobiernos.
Tal como se establece en la constitución, a la Cámara de Diputados le correspondió la elección de las nuevas consejerías, el cuál comprendió un proceso que inició con la emisión de la convocatoria pública e integración del Comité Técnico de Evaluación que acompañó las etapas de presentación de ensayos, exámenes y entrevistas, y que finalmente integró ternas para que el pleno de la Cámara de Diputados, por mayoría calificada, designara a las consejerías.
Este paso es fundamental, pues para una democracia la definición de quienes juegan el papel de árbitros impacta directamente en la confianza en los procesos electorales. Y es preciso recordar que México proviene de una amplia historia de desconfianza en las elecciones y que el INE históricamente ha mantenido niveles de confianza superiores al 55 – 60%. Sin embargo, encuestas recientes de Latinobarómetro y el INEGI (ENCIG) muestran que, aunque la electoral es de las instituciones civiles más respetadas, cerca del 35 – 40% de la población no lo hace principalmente por la percepción de influencia política en sus consejeros.
Por ello, resulta fundamental realizar un análisis profundo: es importante que los árbitros sepan de elecciones, sí, pero, sobre todo y fundamentalmente, que sepan evitar, con su actuar, los conflictos post procesos en el futuro.
*El autor es profesor universitario y con esta entrega se incorpora como articulista de Quadratín Guerrero. Le damos la más cordial bienvenida.
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