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Quadratin 22 Apr, 2026 21:43

Al derecho y al revés

Cuando el dolor se acumula bajo la tierra

Hay historias que no se cierran: permanecen bajo tierra. Durante años, el silencio y la impunidad cubrieron lo que hoy sale a la luz en los límites entre Tláhuac y Chalco, donde han sido localizados más de mil 300 restos óseos en lo que las autoridades ya reconocen como fosas comunes.

Este hallazgo no es un suceso aislado ni una coincidencia geográfica. Es, en palabras de colectivos de búsqueda y expertos, la confirmación tardía de una tragedia anunciada, aquella que durante décadas ha golpeado a familias que viven con la incertidumbre de no saber dónde están sus seres queridos, desaparecidos en el contexto de violencia que azota al país.

 La zona limítrofe entre la Ciudad de México y el Estado de México se ha documentado desde hace tiempo como un lugar elegido por la clandestinidad para borrar rastros, pero que ahora revela su verdad. Los restos encontrados, en su mayoría sin identificar, representan cada uno un nombre, una historia, una familia que ha esperado respuestas a lo largo de los años.

“Lo que estamos viendo no son solo huesos, son pruebas de que la desaparición forzada se convirtió en una práctica sistemática y que las alertas que se hicieron en su momento no fueron atendidas como debían”, señalan integrantes de grupos de búsqueda que han acompañado los trabajos de recuperación.

Durante mucho tiempo, las denuncias y las señales sobre lo que ocurría en estos terrenos fueron minimizadas o ignoradas. Hoy, cada fosa localizada es también un recordatorio de que la ausencia de investigación y justicia permitió que el dolor se acumulara bajo tierra.

Las autoridades forenses enfrentan ahora un reto monumental: procesar los restos, cruzar datos con las miles de fichas de personas desaparecidas y devolver la identidad a quienes fueron reducidos a cifras. Pero más allá del trabajo técnico, este hallazgo pone sobre la mesa la necesidad de transformar la forma en que el Estado atiende esta crisis: no basta con encontrar los restos, es necesario garantizar que se haga justicia y que estos crímenes no vuelvan a repetirse.

Para los familiares, la aparición de estos restos es un paso doloroso pero necesario. “No pedimos nada más que saber dónde están, poder abrazarlos aunque sea en un féretro y cerrar, al menos, el ciclo de la búsqueda”, comenta una madre que lleva más de 10 años esperando noticias.

Las historias que se escondieron bajo tierra hoy emergen para exigir que ya no haya más capítulos sin resolver. Tláhuac y Chalco se suman así a la larga lista de territorios que cargan con la memoria de quienes no tuvieron voz en vida, pero que ahora, desde la tierra, claman por verdad y justicia.

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