El cese de John Phelan como secretario de la Marina de EE UU es el último síntoma más de la inestabilidad que atraviesa el Pentágono en tiempos de guerra. La decisión, impulsada por el propio secretario de Defensa Pete Hegseth y avalada por la Casa Blanca, llega tras meses de fricciones internas y en plena escalada estratégica en Oriente Próximo, donde Washington mantiene su alto el fuego en su conflicto con Irán.
Aunque el comunicado oficial se limitó a anunciar una salida “con efecto inmediato”, diversas informaciones coinciden en que la marcha de Phelan fue en realidad una destitución forzada. El trasfondo apunta a desacuerdos persistentes sobre la gestión del programa de construcción naval, uno de los pilares de la política de defensa actual, así como a tensiones personales con la cúpula del Pentágono, según The New York Times.
La salida de Phelan se produce en un contexto de reorganización más amplio dentro del Departamento de Defensa. Desde la llegada de Hegseth, se han sucedido cambios en puestos clave, incluyendo la destitución del jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George, y otros relevos en la cúpula militar.
Este patrón sugiere una estrategia de consolidación de poder en torno al actual liderazgo del Pentágono, pero también revela una posible falta de cohesión interna. Las discrepancias entre Phelan y figuras como el subsecretario de Defensa, Stephen Feinberg, o su propio número dos en la Marina, Hung Cao —ahora secretario interino—, reflejan tensiones que van más allá de lo técnico y se adentran en el terreno político y de gestión.
La “Flota Dorada” y el choque de visiones
Uno de los puntos centrales del conflicto ha sido el ambicioso plan naval impulsado por Phelan, conocido como “Flota Dorada”. Este proyecto buscaba modernizar y ampliar la capacidad marítima estadounidense, incluyendo nuevos buques de gran tonelaje. Sin embargo, su ejecución generó fricciones por el ritmo de implementación, la asignación de recursos y el control de competencias.
Desde el entorno de Hegseth se reprochaba a Phelan una gestión lenta y una tendencia a comunicarse directamente con el presidente Trump, lo que habría sido interpretado como un intento de eludir la cadena de mando. Estas dinámicas internas terminaron erosionando su posición hasta hacerla insostenible.
La destitución no puede entenderse sin el telón de fondo internacional. Estados Unidos mantiene actualmente un despliegue naval significativo en Oriente Próximo, en el marco de un bloqueo estratégico sobre Irán mientras se negocia un alto el fuego inestable. El control del estrecho de Ormuz y la presión sobre Teherán son elementos clave de esta estrategia.
En este escenario, cualquier signo de descoordinación interna en el Pentágono adquiere una dimensión crítica. La salida de un alto cargo civil en plena operación militar refuerza la percepción de volatilidad en la toma de decisiones, algo que puede tener implicaciones tanto para los aliados como para los adversarios de Washington. @mundiario