La tasa de inflación es 4.53%, pero nadie está tranquilo, con la posible excepción de la Gobernadora del Banco de México. El alza de precios aparece como el problema económico que más preocupa a los mexicanos, en las encuestas.
¿Es más grave la inflación que el bajo crecimiento, que la magra generación de empleo formal o la retracción de la inversión privada? No necesariamente, pero se siente más en los hogares. Ahí, el 4.53% es una abstracción que a veces ofende o, cuando menos, desconcierta. Mucho más concreto es decir que el kilo de tomate está a 60 pesos, aunque después se convierte en parte de las estadísticas. Cabe dentro de un renglón, el 23.03% anualizado de las frutas y verduras.
Hay un conocimiento “científico” de la inflación y una experiencia “popular” de la misma. ¿Cómo darle su lugar a cada una? La inflación es una medición técnica, pero también es una experiencia que se vive, que se comparte y se convierte en hecho social que afecta nuestro comportamiento y moldea nuestras expectativas acerca del futuro.
Yo estudié economía, por años he sido un ávido lector de los economistas conductuales. A últimas fechas, me he echado un clavado en la antropología económica. En este campo, me he encontrado con algunas aproximaciones al tema de la inflación que vienen a cuento en tiempos como los que vivimos.
Está la ciencia, la sabiduría popular y la interpretación politizada de la inflación. ¿Puede el gobierno hacer más para contener o bajar la inflación? ¿Está haciendo el Banco de México su trabajo correctamente? Con niveles bajos de inflación, estas preguntas son ociosas. Cuando la inflación empieza a trotar y amenaza con correr, son cuestiones muy relevantes.
Dije politizada y debo aclarar. Es normal que la gente exija al gobierno acciones para resolver los asuntos que más le preocupan. Tenemos el tope de 24 a la gasolina Magna y de 28 pesos al diésel; además, el PACIC pero la inflación sigue al acecho. Hace una semana se encendieron las alarmas con el precio de la tortilla. El maíz no ha subido y no se justifica, dijo la presidenta. Esto nos lleva a otro asunto: en la inflación se expresan las relaciones de poder. Los productores del maíz no pueden subir sus precios, aunque los costos los estén asfixiando.
Con los incrementos en los precios también se pone bajo la lupa a las empresas. ¿Están actuando correctamente o aprovechan la situación para abusar? Son los precios, la calidad de los productos y la cantidad de unidades que ponen en una bolsita. Es lo que hacen y cómo lo comunican.
Las alzas de precios ponen a prueba a las instituciones y nuestra confianza en ellas. En países donde la hiperinflación se instaló, la reputación de los bancos centrales quedó por los suelos. En Argentina, Javier Milei como candidato propuso desaparecer el Banco Central y nadie se espantó. La inflación había sido de 211% en 2023 y de 118% en 2024.
En el caso de México, estamos lejos de esos niveles y tenemos un Banco Central que ha construido una excelente reputación. En este contexto hay que entender la controversia con su última decisión de bajar las tasas de interés. ¿Está anclando las expectativas de inflación o todo lo contrario?
La inflación se vive en lo local, pero una parte de ella tiene escala global. Los impactos de la Guerra en Irán se dejan sentir de a poco, pero con fuerza, en los mercados de energía, fertilizantes y alimentos. Las presiones inflacionarias colocan a la Secretaría de Hacienda en una posición complicada: ¿Qué parte del impacto debe absorberlo con subsidios y stress a las finanzas públicas... cuánto puede o debe quedar en los hogares y las empresas? El gobierno tiene poco margen de maniobra, pero las familias y los negocios también.